Villanueva de las Cruces ha dado este fin de semana el pistoletazo de salida a sus fiestas patronales con el encendido de la gran candela, una tradición profundamente arraigada que vuelve a convertir al municipio en punto de encuentro para vecinos y visitantes llegados de distintos puntos de la provincia.
El inicio oficial de las fiestas estuvo marcado por el encendido de la hoguera, uno de los momentos más simbólicos del calendario local. El acto contó con la presencia del presidente de la Diputación de Huelva, David Toscano, que quiso acompañar al alcalde, Alonso Limón, y a la Corporación municipal en una jornada cargada de emoción y tradición, poniendo de relieve el respaldo institucional a la conservación de las costumbres que definen la identidad de los pueblos onubenses.
Antes del encendido, los vecinos asistieron al pregón, a cargo de Paqui Ponce, así como al acto de coronación de la reina de las fiestas de 2026. Ambos eventos sirvieron como antesala a una noche en la que el pueblo volvió a reunirse en torno a una celebración que se transmite de generación en generación.
La candela, situada en el centro de la localidad, constituye el eje principal de las fiestas de San Sebastián. Se trata de una gran hoguera que, según la tradición, permanece encendida durante varios días e incluso semanas gracias al relevo continuo de los vecinos, que se encargan de mantenerla viva. Su origen se remonta a siglos atrás, cuando los habitantes del municipio encendían hogueras para resguardarse del frío durante las jornadas de trabajo en el campo.
Con el paso del tiempo, esta costumbre fue adquiriendo un carácter festivo y comunitario hasta convertirse en uno de los principales atractivos de Villanueva de las Cruces. Cada año, la candela atrae a numerosos visitantes que se acercan a conocer una tradición que ha logrado mantenerse intacta pese al paso de los años.
La hoguera no solo actúa como elemento central de la fiesta, sino también como símbolo de convivencia. Existe la creencia popular de que añadir un leño al fuego trae buena fortuna para el resto del año, un gesto que muchos vecinos repiten como parte inseparable del ritual.
Durante estos días, la candela vuelve a ser punto de encuentro, reflejo de unas raíces profundas y una cultura popular que sigue viva gracias al compromiso colectivo de un pueblo que preserva con orgullo una de sus tradiciones más singulares.