La investigación del accidente ferroviario de Adamuz, en Córdoba, que dejó 46 muertos y más de 120 heridos, ha dado un giro tras el último informe de la Guardia Civil, que sitúa la rotura de la vía como principal hipótesis del siniestro.
Según los investigadores, el fallo en el carril o en una de sus soldaduras se habría producido unas 22 horas antes del descarrilamiento. El informe descarta otras causas como sabotaje, terrorismo o error de los maquinistas y centra el análisis en el estado de la infraestructura.
El documento también apunta a posibles fallos en la ejecución de las soldaduras, ya sea por una mala aplicación del material o por errores en el proceso, además de advertir de posibles deficiencias en la supervisión de estos trabajos. Incluso se menciona la ausencia de inspectores durante algunas intervenciones, un extremo que aún se está comprobando.
Además, los agentes han detectado incongruencias en la documentación técnica, con anotaciones corregidas y dudas sobre el control de versiones y las firmas, lo que añade incertidumbre sobre el seguimiento de los trabajos realizados en la vía.
Tras conocerse estas conclusiones, Adif ha respondido a uno de los elementos recogidos en la investigación: la caída de tensión detectada en el circuito de vía horas antes del accidente. Según el gestor ferroviario, esa variación (de 2,2 a 1,5 voltios) no alcanza el nivel necesario para que el sistema detecte una incidencia relevante.
Desde el organismo explican que estos circuitos no sirven para identificar roturas de carril, sino únicamente para detectar la presencia de trenes, por lo que esa caída de tensión puede coincidir con distintas incidencias sin implicar necesariamente un fallo en la vía.
De este modo, la investigación mantiene abiertas dos líneas: por un lado, la hipótesis de una rotura previa del carril señalada por la Guardia Civil y, por otro, la interpretación de Adif, que cuestiona que los datos técnicos registrados confirmen ese fallo.