Isla Cristina ha vivido uno de esos días que no se olvidan. La Hermandad del Rocío ha recibido la Medalla de la Ciudad en la Parroquia de los Dolores, un reconocimiento aprobado por unanimidad que pone nombre a algo que el pueblo ya sentía desde hace décadas: que el Rocío forma parte de su identidad.
El acto, celebrado en la tarde del sábado, estuvo marcado por la emoción y la memoria compartida. No fue solo una entrega institucional. Fue un gesto hacia quienes han mantenido viva la hermandad durante 50 años, hacia generaciones enteras que han hecho del camino, las salves y las vivencias rocieras una forma de entender la vida.
El templo se llenó para acompañar este momento. Entre los asistentes, muchas miradas cómplices, recuerdos de quienes ya no están y el orgullo de quienes siguen sosteniendo la tradición. La Medalla de la Ciudad vino a reconocer todo eso: historia, devoción y sentimiento colectivo.
El pregón estuvo acompañado por la música del coro rociero Los Amigos y la participación de otros músicos, en una puesta en escena que sumó emoción a cada momento. Incluso el propio pregonero interpretó sevillanas y canciones rocieras, en una noche que fue creciendo en intensidad.
Uno de los momentos más especiales llegó con la presentación, a cargo de su hermano, que aportó cercanía y sentimiento a un acto ya de por sí cargado de significado.
Isla Cristina vuelve así a demostrar que el Rocío no es solo una tradición. Es una forma de sentir compartida que atraviesa generaciones. Y mientras el camino se acerca, el pueblo ya ha dejado claro que sigue caminando unido en torno a su hermandad.