ENTREVISTA

María Ángeles Cruzado: “Nunca me he sentido discriminada como mujer en el flamenco”

La cantaora, María Ángeles Cruzado, durante una actuación en Moguer (Fotografía/Ayuntamiento de Moguer).
La artista moguereña asegura que, en la actualidad, no ha percibido machismo en el sector y afirma que “la situación ha cambiado radicalmente”
En su casa, sentada en el sofá verde del salón principal, daba comienzo a la que sería una conversación sincera, honesta. “El flamenco es cultura”, inicia diciendo casi como una sentencia. Se muestra tranquila, con una transparencia a la hora de hablar que refleja la devoción que siente por aquello que lleva cerca de veinte años siendo su pasión. “El flamenco es parte de mí. Con el paso del tiempo se ha acabado convirtiendo en parte de mi forma de ser y ver la vida. Y la cultura es fundamental para desarrollarse. No se puede vivir igual sin ella.”
 
Nacida en Moguer, una tierra donde la poesía inmortal de Juan Ramón Jiménez y el fandango de “La Parrala” aún resuenan, Mari Ángeles creció rodeada de arte. A los 15 años comenzó su formación junto al cantaor bollullero Ildefonso Pinto, quien la guió en sus primeros pasos en el flamenco, en la Peña de Cante Jondo de Moguer. Desde entonces, sus estudios sobre este género no han hecho más que aumentar. Aunque no siempre fue consciente de ello, el cante habitaba en Mari Ángeles de una forma intrínseca, como algo que le nacía sin tan siquiera llegar a planteárselo.
 
Su familia paterna, especialmente su tía Filomena ‘La Choca’, cantaba, y llegó a ser reconocida por su manera de defender y sentir la saeta. “Aunque no tuve la suerte de conocerla en vida, hay una anécdota que cuenta que una vez en la ermita del Rocío, pararon las campanas que estaban repicando en ese momento para poder escucharla cantar”, relata entre risas.
María Ángeles Cruzado durante una actuación en Moguer (fotografía/Ayuntamiento de Moguer)
El machismo en el cante jondo siempre ha sido palpable. Como la buena manifestación cultural que es, el flamenco era el reflejo de los comportamientos y actitudes propios de la época en la que surgió, el siglo XVIII. Hoy, Mari Ángeles se siente enormemente orgullosa de poder hablar del gran avance que ha habido en el mundo del cante siendo mujer. “La situación ha cambiado radicalmente. Ahora ambos géneros pueden defender el flamenco sin ningún tipo de problema. Nunca me he sentido discriminada en ningún sitio al que he ido a cantar”, afirma. “Por mi parte, hay muchas letras de ese flamenco puro con las que no estoy cómoda ni me veo representada, así que siempre opto por no cantarlas. Si no las siento, tampoco despierto emoción en mi público”, declara tajante más tarde.
 
Y es que, como no podía ser de otro modo, una de sus intérpretes más admiradas es Pastora Pavón Cruz, conocida como La Niña de los Peines. Pastora es una de las primeras mujeres que pudo dedicarse al flamenco con nombre propio y no desde la sombra. “Creo que es necesario valorar a nuestros referentes primitivos y aprender de ellos. Antonio Mairena, Chocolate o Caracol han sido otros de los que siempre me he nutrido mucho. A día de hoy suponen mi mayor inspiración a la hora de interpretar cualquier cante”, anuncia con un perceptible tono de profundo respeto hacia sus antecesores. “De los cantaores actuales tengo predilección por José Mercé. Es un gran artista que da mucho de qué hablar.”
 
“La ‘seguiriya’ es muy seria, muy honda. Habla del dolor y la pérdida, retratando en sus versos la parte más negativa y dura de la vida. Es un palo con mucho poder de transmisión”, añade.
 
“Creo que la saeta es el estilo que más resuena conmigo y mis tradiciones, por mi fe y mis creencias. Es un rezo a las imágenes. En la mayoría de sus versos representa la pasión de Cristo y el sufrimiento de la Virgen María. Cuando canto alguna de ellas las siento, y es por eso por lo que resulta muy fácil hacer que el público se emocione escuchándome. Es un cante que cala hondo en las personas.”
La cantaora, María Ángeles Cruzado, durante una actuación en Moguer (Fotografía/Ayuntamiento de Moguer).
El punto de inflexión que la llevó a desarrollarse como intérprete a un nivel más serio y profesional, fue en el año 2014, cuando se convirtió en la ganadora del Concurso Nacional de Saetas ‘Ciudad de Málaga’. “Lograr hacerme con el primer puesto supuso un antes y un después en mi carrera profesional.”
 
Su destreza para la saeta ha hecho que los triunfos no hagan más que sumar: ganadora del Concurso de Saetas de Utrera y de Ronda en 2022; el de Cartagena en 2023 o el Premio Canal Sur a la mejor saeta femenina de la Saeta de Oro de Granada. También es igual de destacable su participación en el concurso televisivo andaluz ‘Tierra de Talento’, donde se alzó como ganadora del programa especial de Semana Santa.
 
“Me siento muy orgullosa y agradecida de poder decir que he ganado todos los concursos de saeta que actualmente están en rigor. Ha sido un proceso largo y difícil en algunos momentos, pero con esfuerzo y perseverancia se ha logrado.”
 
Y es que una de las características que describen a la joven cantaora es la exigencia y autocrítica en lo que hace. “La exigencia me ha ayudado a no rendirme y nunca estar del todo conforme con lo que hago. Pero también, en muchas ocasiones, ha supuesto una frustración que me ha jugado muy malas pasadas.”
 
“Como todo cantaor de flamenco, anhelo conseguir el máximo galardón que existe: La ‘Lámpara Minera’”, comenta ilusionada. “Supone una enorme oportunidad profesional. Llegar a cantar alguna vez en el extranjero significaría dar un paso decisivo y todo un orgullo”, explica.
 
“Tenemos que aprender a apreciarlo más porque el flamenco no deja de ser parte de nuestra cultura como país, y sobretodo autonómica”, agrega la artista.
 
“Miguel Poveda, por ejemplo, es un cantaor muy completo que ha sabido avanzar y no quedarse atrapado en esa idea antigua que se tiene del flamenco.” “El flamenco mezclado con otros géneros puede dar mucho juego”, expone.
“Ese cante tan hondo, tan profundo que lo caracteriza va a terminar muriendo. Por eso, hay que abrir la mente, modernizarse e innovar”, sentencia la saetera.
 
Sara Rodrigo.