La okupación creció un 20 % en Huelva: así puedes evitar ser la próxima víctima

El verano, con viviendas cerradas durante semanas, es el momento más delicado
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Ha llegado el verano y, con él, el silencio en muchas viviendas de Huelva. Persianas bajadas, buzones rebosando de cartas y luces apagadas durante días componen la postal típica de edificios casi vacíos cuando sus vecinos se marchan de vacaciones. Sin embargo, lo que para unos es descanso, para otros puede ser una oportunidad para entrar sin ser vistos.

Según los datos registrados en 2024, Huelva superó los 150 casos de ocupación ilegal de viviendas, lo que supone un aumento del 20 % respecto al año anterior. Además, aunque la provincia está lejos de las cifras de otras andaluzas como Sevilla o Málaga, la preocupación sigue creciendo. Sobre todo porque la mayoría de estas ocupaciones no se denuncian: se descubren cuando ya es demasiado tarde.

Según el Ministerio del Interior, en Huelva se contabilizaron 152 ocupaciones a lo largo del año pasado. De esos casos, solo el 24 % llegaron a convertirse en denuncias formales. El resto se detectaron por actuaciones policiales o gracias al aviso de vecinos. En muchos de ellos, los propietarios no supieron nada hasta su regreso: la cerradura estaba cambiada o directamente alguien ya vivía dentro.

La ocupación suele producirse en silencio. Sin forcejeos, escándalos ni nadie en el edificio se dé cuenta. Ante esta situación, la Policía Nacional insiste en lo más importante: adelantarse. Por eso, este mes de julio, ha publicado una serie de consejos para preparar la vivienda y hacer que parezca habitada. Ya que una casa que da señales de vida no resulta atractiva para quienes buscan entrar sin ser detectados.

Entre las recomendaciones destacan medidas sencillas pero eficaces: no anunciar en redes sociales que se está fuera, utilizar temporizadores para encender luces o aparatos, cerrar puertas y ventanas con llave, activar alarmas si se dispone de ellas y pedir a alguien de confianza que recoja el correo o vigile la casa con regularidad.

También alertan sobre señales discretas que muchos pasan por alto: pequeños plásticos, gotas de pegamento o hilos de silicona colocados en las puertas. Son marcas que quienes vigilan una vivienda suelen utilizar para saber si hay movimiento. Si después de varios días siguen ahí, entienden que nadie entra y entonces actúan.

El verano es una de las épocas más vulnerables para las viviendas deshabitadas, pero también una de las más fáciles para prevenir riesgos. No se trata de vivir con miedo, sino con sentido común. A veces, un gesto tan sencillo como encender una luz o vaciar el buzón puede marcar la diferencia entre regresar a casa o tener que recuperarla.