El hundimiento registrado en el paseo marítimo de Matalascañas no sería consecuencia de un temporal imprevisible, sino del resultado de “años de retrasos, decisiones técnicas inadecuadas y falta de actuación”, según afirman fuentes municipales.
Desde esta óptica, los temporales recientes “solo han puesto el punto final a una tragedia anunciada”, ya que el deterioro de la zona había sido advertido en numerosas ocasiones por técnicos, responsables locales y vecinos. Añaden que se sabía lo que iba a ocurrir y existía “un proyecto aprobado y presupuestado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que, de haberse ejecutado en plazo, habría podido evitar el daño actual”.
Según la información trasladada, la actuación necesaria consistía en “una regeneración de playa que se ha ido retrasando cerca de siete años, un periodo en el que el avance del mar fue dejando la infraestructura cada vez más expuesta”. Además, señalan que no se trataba de una obra compleja ni desconocida, sino de ejecutarla a tiempo.
Cuando finalmente comenzaron los trabajos de aportación de arena, la situación, lejos de mejorar, se habría agravado. Desde el entorno municipal explican que "la lógica técnica indicaba comenzar por la zona más baja y más vulnerable, la que sostenía el paseo marítimo, pero no se hizo así". En su lugar, detallan, se actuó en tramos donde aún existía arena suficiente, elevando la cota de la playa en esas zonas y provocando un efecto directo: “el mar, al encontrar mayor resistencia, descargó con más fuerza sobre la zona más baja y desprotegida”. Como consecuencia, subrayan que “lo que debía proteger el paseo terminó acelerando su colapso”.
En este contexto, se lamenta la falta de explicaciones públicas por parte de los responsables estatales. “Ni el director provincial de Costas en Huelva, Gabriel Cuena, ni la subdelegada del Gobierno, María José Rico, han comparecido ni han explicado las decisiones adoptadas”, indican, añadiendo que “el silencio, en una situación de emergencia y con viviendas, seguridad pública y millones de euros en juego, también es una forma de responsabilidad política”.
Desde el ámbito municipal también se traslada una percepción de abandono hacia Matalascañas. “Se la observa con otros ojos, no se la protege como a otros territorios y no se defiende con la misma contundencia a quienes aquí tienen su vivienda, su trabajo y su vida”, manifiestan, cuestionando además el posicionamiento de responsables políticos locales. Añaden que “resulta incomprensible el silencio del PSOE local ante una gestión estatal que ha perjudicado gravemente a su propio municipio”.
Por último, insisten en que “los temporales forman parte del litoral” y precisamente para eso existen las políticas de costas: “para anticiparse, actuar con diligencia y evitar daños mayores”. En consecuencia, sostienen que “lo ocurrido en Matalascañas no es una fatalidad natural, sino el resultado de retrasos injustificables, errores técnicos y una gestión deficiente”.
En resumen, concluyen que “Matalascañas no cayó por el mar; cayó por la negligencia acumulada de quienes tenían la obligación de protegerla y no lo hicieron”.