Prácticamente ha concluido el periodo de nidificación del chotacabras en Doñana. Para la Asociación “El Burrito Feliz” y el colectivo ecologista femenino “Mujeres por Doñana” la campaña de 2024 podría catalogarse como de "auténtico desastre" para la viabilidad de esta especie que precisa protección especial.
Durante sus patrullas nocturnas de control de parejas reproductoras en la zona comprendida en los bosques y caminos de Hinojos, los ecologistas han comprobado con desesperación, que de las 16 parejas contabilizas en 2022, este año solo se han podido visualizar 3. Lo que representa una reducción que se aproxima al 80%.
El chotacabras acude cada año a esta zona desde países africanos y aprovechan el periodo primaveral y de verano para su cortejo, nidificación y preparación de las crías para el largo viaje de retorno que se produce durante el mes de agosto en la mayoría de las ocasiones.
Según el naturalista Luis Manuel Bejarano, que acaba de finalizar una ruta por África y Cuba estudiando diferentes especies de aves, la progresiva disminución de la especie, año tras año, nos invita a pensar que, al igual que ha pasado con las avefrías o incluso con los ánsares, el entorno de Doñana va a sufrir una nueva tragedia ornitológica esta vez en la figura del chotacabras.
Manifiesta Bejarano que, "la destrucción directa, con total impunidad, de las masas boscosas que desde hace cientos de años servían de cobijo a este pájaro tan peculiar, unido todo ello a la proliferación de pesticidas y herbicidas en zonas de Doñana, van a condenar al mayor depredador de procesionaria del pino a su completa desaparición".
Y es que, afirma el naturalista, el chotacabras depreda inmensas cantidades de procesionaria cuando se encuentra en su fase adulta-polilla. En esta fase es cuando esta plaga lleva consigo los huevos que se acabaran convirtiendo en las peligrosas orugas que tantísimo daño representan para el medio ambiente. Con lo cual un solo chotacabras que en una sola noche devore 20 polillas acaba directamente con cientos de futuras orugas. Es decir: un eficaz exterminador que en tiempos pasados mantenía a raya a la procesionaria y que ahora los humanos condenan a su extinción.
Para Bejarano, los dos últimos años representan un varapalo a Doñana en cuanto a la supervivencia de su avifauna se refiere, aunque siente satisfacción al observar que en las cercanas Marismas del Odiel el ecosistema se recupera de forma óptima.
Chotacabras, ánsares e incluso los inquietos gorriones, acabaran convirtiéndose en una anécdota visual en pocos años, opina Bejarano, que agradece a la organización “Ecologistas en Acción” de Huelva las interminables horas que dedican a la denuncia y protección de la naturaleza.