La Sierra de Huelva, en un radiante esplendor micológico

Las abundantes lluvias de las pasadas semanas, unidas al suave aumento de las temperaturas en los últimos días, han propiciado que se estén solapando a la misma vez distintas variedades de setas comestibles que normalmente no suelen coincidir al mismo tiempo, al ser algunas de ellas más propias de otras estaciones del año
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photo_camera Una agrupación de níscalos.

Si te gustan los paseos por el campo y te apasiona el mundo de las setas silvestres, entonces, sin duda alguna, estás de enhorabuena.

Y es que las recientes y abundantes lluvias registradas en las pasadas semanas, unidas al suave aumento de las temperaturas en los últimos días, han propiciado en estas fechas de finales de febrero un verdadero estallido de vida en lo referente al mundo micológico en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, dado que se están solapando a la misma vez distintas variedades de setas comestibles que normalmente no suelen coincidir en el tiempo, pues se dejan ver por separado habitualmente y eclosionan en diferentes estaciones del año.

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Un gurumelo de buen calibre.

Aunque es en esta época cuando el preciado y exquisito gurumelo (Amanita ponderosa), la seta estrella de la gastronomía onubense, cobra protagonismo y comienza ya a deleitarnos con su presencia por los montes de jaras y de encinares, otras especies de gran valor culinario, mucho más propias del otoño y del frío invierno, aún siguen prosperando en abundancia por los bosques de la comarca serrana, donde actualmente se está disfrutando de una radiante explosión de vida micológica en todo su esplendor.

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Concentración de angulas de monte o trompetas amarillas.

“A pesar de que entramos en la época de los gurumelos, las especiales condiciones climáticas que se están dando aún en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche siguen permitiendo que, en algunos sitios más húmedos o sombríos, continúen apareciendo setas comestibles que son también muy apreciadas y mucho más características del otoño e invierno, como es el caso de los rebozuelos o chantarelas (Cantharellus cibarius), los pinateles (Lactarius deliciosus), los faisanes (Leccinum lepidum), la lengua de gato (Hydnum repandum), las trompetillas de la muerte (Craterellus cornucopioides), las angulas de monte (Craterellus lutescens) e incluso algunas variedades boletales”, explica Jorge Jaime, gerente de la empresa Lyxaia Servicios Culturales Ambientales, que opera desde el municipio de Alájar con una oferta de rutas micológicas ideadas para toda clase de públicos y con el fin de dar a conocer todo lo relacionado con el mundo de las setas silvestres, ya sean comestibles o no.

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Un cesto con níscalos o pinateles de dos variedades.

No en vano, en la serranía onubense se han llegado a registrar hasta más de 600 especies distintas de setas, de las que tan solo unas 40 de ellas están catalogadas como variedades comestibles, con un mayor o menor valor gastronómico. Unas setas silvestres que, bien elaboradas en la cocina, pueden llegar a convertir un sencillo plato en toda una delicia con sus peculiares sabores, texturas y aromas.  

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Un gurumelo emerge de la tierra.

Así pues, todo apunta a que nos encontramos ahora mismo en un período del año excepcional por sus actuales condiciones ambientales, que se presenta como un momento idóneo para salir a explorar los bosques y montes de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche para recolectar o aprender a reconocer, siempre de la mano de algún experto si se es un profano en la materia, todas esas setas comestibles tan propias de la comarca serrana.