Marianela Olmedo asegura que los celos del acusado ‘desaparecieron’ tras los hechos

Marianela Olmedo, mujer y madre de los fallecidos en el doble crimen de Almonte y que mantenía simultáneamente una relación sentimental con el único acusado por los hechos, F.J.M., ha asegurado que esta persona “era muy celosa y controladora” y que, precisamente, “los celos desaparecieron” tras los hechos.

Durante su declaración como testigo, en la tercera sesión del juicio ante un jurado popular en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Huelva, ha precisado que desde que murieron, su vida “ha sido un auténtico calvario, no tengo vida”.

En cuanto al acusado ha precisado que lo conoció en el supermercado en el que ambos trabajaban, junto con sus respectivas parejas, y que al principio "sólo tontearon" no empezando la relación hasta enero del 2010, asegurando que "hasta ese momento ella era una persona con carácter".

Sobre la relación propiamente dicha ha apuntado que "me controlaba en todo, no me podía reír, ni hablar, me decía como tenía que vestirme", al tiempo que ha añadido que "le tenía celos a su marido, M.A.D.E., y a otros compañeros, con los que no le gustaba que hablara; lo considero una persona muy celosa". Asimismo, ha apuntado que aunque "nunca le pegó" sí que la "insultaba" y le decía que "no valía para nada; me llegó a decir, he dejado a una tía redonda -en relación a su novia anterior- por otra que no vale la pena".

En cuanto a las toallas halladas en la vivienda donde aparecieron los cadáveres y en las que se ha encontrado ADN del acusado, constituyendo la principal prueba en su contra, Marianela Olmedo las ha reconocido, y las ha ubicado en cada uno de los baños de la vivienda, indicando al respecto que las dejó “limpias y colocadas” justo antes de mudarse, entre el 4 y 5 de abril. “Siempre las lavaba juntas, según el color, en la lavadora con agua caliente, a 40 grados, y usaba detergente, lejía y otros productos”, ha precisado.

A su vez, a preguntas de la defensa, ha reconocido que las relaciones sexuales con el acusado “eran casi a diario porque él lo quería así” y precisamente el día 6 de abril, justo el día que realizó la mudanza, “las mantuvieron en su coche a mediodía, desnudos y sin usar preservativos porque tomaba anticonceptivos”, pudiendo tener contacto con el semen. No obstante, tras ello, según ha recordado, se fue a la casa donde convivía con su marido y ha señalado que se duchó, tras recoger cajas de la mudanza, “sin lavarse antes ni nada” pero que se secó con su albornoz. Ese día “nunca toqué esas toallas”, ha remarcado.