La noche del accidente ferroviario ocurrido en Adamuz estuvo marcada por una respuesta ciudadana decisiva en los primeros momentos del siniestro. Uno de los primeros civiles en acceder a la zona cero fue Gonzalo, vecino del municipio y cuponero de la localidad, que utilizó su coche y posteriormente su quad para auxiliar a numerosas personas atrapadas.
Tras llegar inicialmente con su vehículo y comprobar las enormes dificultades de acceso, solicitó autorización a la Guardia Civil y a las autoridades para entrar con el quad, al considerar que era el único medio con el que se podía avanzar hasta los vagones. Logró acceder al lugar del accidente en torno a las 20:45 horas, cuando aún no habían llegado muchos de los recursos pesados y la zona seguía prácticamente a oscuras.
El impacto al llegar fue inmediato y difícil de describir. Gonzalo resume ese primer contacto con una frase especialmente dura: “Me encontré la muerte. Cuando llegas allí te encuentras a la muerte mirándote a la cara, diciéndote que no vales para nada, no eres nada y aquí mando yo”. A su alrededor, explica, había silencio, miedo y personas pidiendo ayuda, algunas atrapadas bajo los vagones y otras heridas en mitad del frío y la oscuridad.
Los trenes se encontraban completamente destrozados y la situación era, según relata, incluso más grave de lo que después reflejaron las imágenes difundidas. Ante la falta total de visibilidad, regresó a su domicilio para recoger focos y poder continuar las labores de auxilio en condiciones mínimas.
Entre las personas a las que asistió se encontraba Hugo, un joven de Huelva, al que logró sacar de la zona afectada cargándolo a cuestas durante cerca de un kilómetro hasta llegar al coche. El joven se encontraba descalzo y con heridas visibles. Posteriormente fue trasladado al domicilio de Gonzalo, donde fue atendido por su pareja y una vecina hasta que pudo ser recogido por un familiar.
A lo largo de la noche, alternando el uso del coche y el quad, Gonzalo calcula que logró auxiliar a entre 15 y 17 personas. Tras varias horas de trabajo continuo y desplazamientos entre su casa y la zona del siniestro, regresó definitivamente a su vivienda sobre las tres de la madrugada.
Días después del siniestro, Gonzalo lanzó un llamamiento público para intentar localizar a la madre del joven onubense, Rocío Díaz, con el objetivo de confirmar que se encuentra bien. También indicó que el padre se llama Francisco, confiando en que la información pueda llegar a su familia y cerrar así un episodio que comenzó en una de las noches más duras vividas en Adamuz.