Firmas

Artistas españoles en Nueva York

Por Pablo Sycet

Doy por hecho que todos hemos quedado saturados por igual con la avalancha de informaciones puntuales y programas enteros dedicados a recordar los atentados del 11S y sus amargas consecuencias, que aún se siguen dejando notar en todos los rincones de este perro mundo dos décadas después, y somos muchos los que pensamos que tras la retirada de Afganistán por la puerta de atrás puede que lo peor aún esté por llegar, porque el eco de las bombas a lo largo de veinte largos años sigue aún flotando en el aire…

Pero, aunque tan solo fuera por marcar una pequeña nota de diferencia, me temo que ninguno de esos reportajes que tan colmado la parrilla de todas las cadenas durante estos días ha puesto el foco sobre cómo afectaron los atentados de las Torres Gemelas al trabajo de los artistas españoles en NYC, porque no debería caer en el olvido que en el vestíbulo de acceso a la Torre Sur estaba colgado, y terminó convertido en cenizas, el tapiz de Joan Miró más impresionante -tanto por su belleza como por su tamaño de 6 x 11 metros- que yo haya visto nunca jamás…

Pero el mismo polvo que lo inundó todo en muchos kilómetros a la redonda, que quedó suspendido en el aire durante días, y que poco a poco se fue aposentando sobre todas las cosas, también inundó el espacio de la artista Elena del Rivero, que vivía muy cerca de las torres asesinadas y que, haciendo de la necesidad virtud, tomó la decisión de convertir en arte aquel polvo, y dos décadas después lo presenta en el Museo Es Baluard, ya convenientemente sacralizado y puesto en el mercado como ‘El archivo del polvo’.

Y entre medias de uno y de otro ejemplo, entre esa nube de ceniza que ahora nos invita a imaginar que una parte del polvo en que se convirtió la lana quemada de aquel tapiz de Miró tal vez pudo terminar en uno de los recipientes que Elena presenta ahora como parte de una historia ya asumida, que es la suya pero que también es la de todos, y que convierte en materia del olvido el esfuerzo de los otros artistas -pienso en el malogrado César Nicolau- que llegaron a Manhattan en los años 80 para hacer historia, al igual que otros tantos a los que ninguna historia ya recuerda.

Pablo Sycet
Pablo Sycet (Gibraleón / Huelva, 1953) es uno de los pintores andaluces imprescindibles de su generación -la de los años 80-, posiblemente la última generación de artistas para los que la pintura ocupa un papel central. Sin perder de vista en ningún momento esa centralidad de la pintura, a lo largo de tres décadas continuada de trabajo, la labor creativa de Pablo Sycet se ha ido desplegando en un amplio abanico de campos complementarios: la edición, la tipografía, el diseño gráfico, la fundación de galerías de arte, la organización de exposiciones, las letras de canciones, la producción musical... En otro orden de cosas, Pablo Sycet ha sido un puente fundamental tanto desde el punto de vista geográfico como desde el punto de vista generacional. Geográficamente hablando, por él han circulado buena parte de los caminos que han unido Andalucía y Madrid durante estas décadas. Aunque su residencia habitual ha sido madrileña, nunca ha renunciado a sus vínculos andaluces y especialmente granadinos, muy al contrario, siempre ha intentado reinvertir allí, en Andalucía, metafóricamente hablando, y a veces incluso monetariamente, lo ganado y aprendido en Madrid. Desde el punto de vista generacional, también ha sido un puente generoso y desprendido entre los artistas de las generaciones anteriores a la suya -de Gordillo a Guerrero- y las posteriores, incluidos los jovencísimos artistas emergentes de este mismo momento.

    PUBLICIDAD

    LYNCIS ENERO 2021

    También te puede interesar

    No se puede comentar.



    Publicidad

    CSIF jun 2021

    Más noticias sobre:Firmas