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Carta a la Consejería de Educación y Deporte

Les escribe una madre y una maestra de educación primaria, por lo que a lo largo de este texto imagino que saldrán mezclados ambos estados humanos sin que yo pueda evitarlo.

Verán, llevamos menos de una semana con niños y chavales enclaustrados a los que a veces cuesta llevar hacia adelante con buen humor, porque si los adultos están regular –España es que es muy de la calle, para bien y para mal-, habrá que entender que las criaturas necesitan hacer muchas cosas de manera natural, siguiendo su estadio evolutivo de desarrollo psicobiológico. Los están inflando a deberes desde prácticamente todas las asignaturas del instituto, con plazos de entrega y con amenazas de suspenso en algunos casos de no ser así.

Algunos profesores piden que lean el tema que aún no han podido impartir ellos mismos y hagan ejercicios a partir de ahí. Una, que es del cuerpo de docentes, entiende que esto obedece, por una parte, a la buena intención del profesorado que quiere que su alumnado avance o no se estanque en el aprendizaje y, por otra, que hay presión, como siempre, desde instituciones educativas altas; si algo caracteriza a los que nos ordenan mil tareas burocráticas y otras que para poco sirven en el proceso didáctico, es su lejanía con respecto a la realidad.

Ahora no estamos de vacaciones. El asunto es peor. Nos encontramos en un estado de alarma inédito en nuestra historia vital y eso, lógicamente, conlleva preocupaciones severas en las familias, tanto por la salud de los seres queridos, como por la economía, como por diversas casuísticas que pueden darse, desde no disponer de tiempo para acompañar en la tarea a los niños y niñas mas remolones porque están trabajando, jugándose la piel literalmente y con miedo a contraer el dichoso coronavirus que tanto sufrimiento está causando, como los que han cerrado su pequeño negocio y ahora no saben cómo saldrán adelante. Todo esto comporta una carga de tensión emocional en los hogares que no les hace valorar la preocupación del profesorado o la administración educativa en el aprendizaje de sus hijos.

No. Nos ven como una fuente de agobio, de estrés, pues los niños y adolescentes necesitan salir y no pueden y, como vengo diciendo, eso sobrecarga y dificulta las relaciones familiares. Lamento como maestra leer y oír quejas hacia nosotros por este motivo, pero lo cierto es que lo entiendo. Como madre puedo sentirme saturada, o no, pero termino empatizando con esos pesares.

Para nada quisiera que cuando se solucionara esta penosa crisis sanitaria se nos recordase a los docentes como los antipáticos del escenario, cuando –insisto- esas tareas se están poniendo con la mejor de las voluntades.

Por tanto, solicito a las autoridades educativas que sean más comprensivas con la situación anómala que están viviendo las familias y no piensen que los niños están de vacaciones, pues es mucho más grave, y aún les/nos queda bastante tiempo de encierro y, por consiguiente, rebajen el nivel de tarea que se está imponiendo a los escolares. Atentamente.

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