Deshumanizados

Leo estos días que a un hombre que ha muerto por un infarto y que se encontraba tirado en la calle le roban sus objetos personales estando ya muerto. Los cabrones, (perdonadme pero no encuentro otro calificativo para ellos) lejos de llamar a los servicios de emergencias, se afanaron por quitarle la cartera, y joyas que llevaba.

Me da igual si el muerto era un buen hombre o un narcotraficante, es el significado en sí de que supuestos seres humanos sean capaces de comportarse como aves de rapiña y quedarse tan tranquilos.

Pero es que días antes me entero de que un bebé había nacido y muerto en una patera con destino a Canarias. Nace y muere en la misma embarcación. Me parece una de las cosas más horribles que se me puedan ocurrir y solo podía pensar en esa madre, que había parido rodeada de extraños (42 concretamente), de una manera insalubre y jugándose la vida y que, después, había tenido que ver morir a su hijo mientras lo abrazaba para intentar, sin éxito, que no falleciera de hipotermia.

Ningún medio sacó esto en portada. Nadie le ha dado mayor importancia a este hecho. Nadie. Lo normal, en una sociedad sana, sería que los ciudadanos pusiéramos el grito en el cielo con una noticia así, que nos planteáramos cómo somos capaces de vivir con nuestras conciencias tranquilas mientras llenamos los estómagos de quienes han provocado las situaciones que viven quienes huyen de la miseria y de la muerte en sus países, con gobiernos impuestos o permitidos por otros países, los llamados del ¿primer mundo? Para robarles sus riquezas a precio de saldo.

No nos ponemos las manos en la cabeza, no; lo permitimos y pensamos que no va con nosotros, que no podemos hacer nada y, así, poquito a poco nos vamos deshumanizando hasta llegar al punto de que hay gente que, incluso, los culpa a ellos de quitarles el trabajo o los tachan de violadores, ladrones, asesinos… los convierte en objetos del odio.

Como cuando violan a una mujer y la culpa es suya por ir vestida “como una puta”, según algunos, pues igual, la culpa la tienen ellos por venir a intentar huir de su mierda de vida.

Eso está pasando en nuestro país, a una velocidad que asusta, y con discursos del odio vomitados a diario por nuestros obtusos y, en muchos casos malintencionados dirigentes, que solo buscan la finalidad de sus beneficios a costa de la estrechez de miras de muchos.

Los periodistas también somos culpables. No voy ahora a ir de hermanita de caridad cuando nosotros en muchos casos usamos las desgracias para consumo porque, al final, es lo que demanda la sociedad.

Una sociedad cada vez más enferma. No sé si fue antes el huevo o la gallina, lo que si sé es que no vendría nada mal otro Arca de Noé.