Firmas

Dí “amigo” y entra

Estos últimos días, desde la sentencia de los ERE, no he podido dejar de pensar en la amistad, sus vínculos y lo que representa.

Es una crítica común entre quienes nos ven desde fuera de nuestra tierra la de que el andaluz es un pueblo acogedor y alegre, pero de amistades huecas: es fácil tener con quien ir a tomarte una cerveza, pero ten la cortesía de no necesitar ayuda de verdad porque muy probablemente en ese preciso momento el andaluz esté tomando una cerveza con otro “amigo”.

Es difícil conocer de verdad a un andaluz y ganarlo para tu círculo íntimo, independientemente de su cortesía.

Amigo. Tengo la sensación de que gran parte de la vida funciona como las minas de Moria. Sin amigos en Andalucía es difícil medrar. Sin amigos en Andalucía a veces es difícil sobrevivir.

Pienso en cuántas empresas honradas se quedarían sin ayuda en una de las épocas económicas más duras de la historia reciente de nuestro país por no ser amigas de la persona adecuada. Cuántas familias se verían abocadas a la ruina durante una crisis que se cebó de forma especialmente virulenta con Andalucía por no conocer la palabra clave, el secreto correcto, por no compartir la afición apropiada.

Por eso existe y debe existir una ley, por eso un procedimiento: para que hasta el humano más solitario y mísero del mundo pueda, por derecho, en acceder en igualdad de condiciones a las ayudas públicas, a las ayudas de todos. Dicho de otra forma, para limitar en la medida de lo posible el arbitrio, el juicio caprichoso y voluble de los seres humanos, falibles por definición. O, por lo menos, intentarlo.

La palabra “amigo” puede ser, con diferencia, una de las más devaluadas del español en Andalucía. Llamar “amigo” a quien te hace favores es de no haber tenido un solo amigo en la vida. Conozco a un tipo que llama “amiga” a casi cualquier mujer con la que haya quedado dos veces. Me pregunto cuántas de esas amigas irían a verlo al hospital, a cuántas les importaría que hubiera enfermado siquiera.

Ya lo dice la sabiduría popular: aquel que llama amigo a cualquiera, no tiene ninguno.

Dí “amigo” y entra. Quizás todo esté tan podrido como el interior de las minas de Moria, por fuera impresionantes, en otro tiempo, magníficas, pero habitadas desde hace tiempo por orcos, trasgos y otros seres del abismo.

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