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Doñana, el paraíso para los amantes del turismo de naturaleza

Doñana es un auténtico paraíso para los amantes del turismo de naturaleza. El Parque Nacional constituye un mosaico de ecosistemas que albergan una biodiversidad única en Europa. Es decir, un paisaje espectacular que no deja indiferente a nadie en cualquier época del año.

De esta preciada reserva ecológica destacan sobre todo sus humedales, la marisma, de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría e invernada para miles de aves europeas y africanas.

A caballo entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, una pregunta recurrente de quién se plantea visitar el parque es cuál sería el mejor acceso. Y la verdad es que Doñana es tan inmensa y hay tantas cosas para disfrutar que cualquier municipio de los que engloba la reserva puede ser el ideal para iniciar un recorrido.

Doñana es una perfecta combinación de tierra y agua que da forma a marismas, lagunas y caños, cotos y pinares, vetas y veras, dunas, playas y acantilados. Bonanza, Gallega, Ribetehilos o El Lucio del Cangrejo son claros exponentes de los complejos lagunares que dominan un espacio natural que da cobijo a miles de aves.

Dunas

Entre otros de los muchos atractivos del Parque Nacional, también podemos destacar el sistema de dunas en movimiento que discurre entre Matalascañas y la desembocadura del Guadalquivir, más de 25 kilómetros de playa virgen y arenas blancas; la duna fósil del Asperillo, con más de 30 metros de altura; o, ya en la playa, el acantilado del Asperillo, un espectacular cortado formado por areniscas entre naranja y ocre debido a las aguas ricas en óxido de hierro que manan por los llamados chorritos de la pared.

Extensa flora y fauna

El visitante podrá disfrutar de una gran variedad de flora y fauna. Así, mientras que en los complejos lagunares dominan plantas adaptadas a este tipo de hábitat -carrizo, enea, junco de bolitas y bayunco-, según nos alejamos van apareciendo otras especies vinculadas a la vera o a los cauces fluviales.

De este modo, en las primeras domina el alcornoque junto a una cohorte formada por madroño y mirtos, entre otros; mientras en los segundos el sauce sanguino, un endemismo del Terciario, forma verdaderos bosques cerrados junto a helecho real, fresno, álamo blanco, zarzaparrillas, madreselvas, etc.

El encuentro de ecosistemas tan diversos es factor principal para que Doñana se constituya como un verdadero paraíso para las aves, pues cuenta con la presencia de más de 120 especies que tienen su mayor exponente en las llamadas pajareras: una verdadera explosión de sonido, color y vida.

En cotos y corrales los suelos estabilizados permiten la existencia de espléndidos bosques de pino piñonero, como Coto del Rey, El Abalario o el Pinar de la Algaida, que comparten hábitat con el llamado monte negro -mirto, lentisco, jaguarzo morisco, etc- y blanco -romero, tomillo, lavanda, jaguarzo blanco y amarillo- según se transita de suelos más húmedos y bajos a otros de mayor altitud y aridez. Aquí se cobijan dos de las especies más valiosas, lince ibérico y águila imperial, pero también otros mamíferos, reptiles y aves.

Estabilizando las dunas y en la costa aparecen plantas que soportan una mayor aridez y el azote de viento, arena y sal, también llamados bosques despeinados, con presencia de camarina, sabina, clavelinas y barrón.

Desde Huelva

Como muchos conocemos, gran parte de Doñana se ubica en la provincia de Huelva y desde ella podemos aproximarnos al parque por el oeste. Así, en su entorno podemos hallar los Lugares Colombinos, encabezados por Moguer y el recuerdo de Platero y yo, o por el norte, a través de la comarca del Condado con sus preciados vinos.

El paisaje de la zona es también espectacular, con zonas como Cuesta Maneli o el acantilado de El Asperillo, con el Atlántico a sus pies.

(Contenido ofrecido en colaboración con la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía)

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