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El adiós de Borja Sémper

El adiós de Borja Sémper es una mala noticia para la moderación, que no indefinición, en la política. Tal vez, como ya hoy han reconocido algunos observadores, Sémper no se sentía identificado con la tendencia actual de su partido ni tampoco de la política en sí.

Traduciendo, huía de la bronca. Y del clima actual en el que se tiende a convertir en enemigo al adversario.

En la carrera por la sucesión de Rajoy, Sémper se alineó al lado de Soraya Sáenz de Santamaría.

Era un político con personalidad propia, que no dudaba en hablar claro, aún sin estar en sintonía con los de la calle Génova.

Tal vez por eso nunca hizo carrera fuera del País Vasco. Demasiado incómodo, quizás, para los mandamases del partido en Madrid.

Y ahora, 25 años después de adquirir un compromiso con el PP vasco, con Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en 1995, como referencia, Sémper deja sus cargos, la presidencia del partido en Guipúzcoa, la portavocía en el Parlamento Vasco y sus funciones como concejal en el Ayuntamiento de San Sebastián.

Se pasa a la actividad privada en la multinacional Ernst & Young y a proporcionar, anuncia, otro «entorno y perspectiva» para su familia.

En definitiva, pierde la política y el PP, pero gana él y su familia. En calidad de vida, digo.

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