PUBLICIDAD

Directo San Sebastián 2020
Firmas

El costo de la política

(Firma: Emilio Rodríguez)

En estos tiempos se ha escrito y hablado mucho en Argentina sobre lo que nos cuestan los políticos, los que ganan ellos, las cantidades de asesores que tienen y otras cuestiones más. Por tal motivo me parece oportuno recordar algunas ideas. En primer lugar, fue a mediados del siglo V a. C., cuando Pericles perfeccionó la democracia en Atenas.

Decidió pagarles a los que participaban de la asamblea o tenían cargos en el gobierno. De esta forma, garantizaba que la participación política estuviera abierta incluso a los ciudadanos más pobres. Esa lógica, esa forma de pensar tenía sentido y fue un avance para esa época. Pero cierto es también que estos tiempos son muy distintos.

Es una rara avis encontrar un político perteneciente a los sectores de bajos recursos. La gran mayoría desempeña sus cargos públicos y mantienen sus actividades privadas de manera parcial o total, con lo cual siguen percibiendo sus ingresos particulares.

El filósofo, economista, y sociólogo alemán, Max Weber consideraba que solo hay dos formas de hacer de la política una profesión; se vive para la política, o se vive de la política.

Obviamente la mayoría sigue la segunda opción. Weber sostenía que entre un ciudadano que dedique un poco de tiempo a las cuestiones públicas o alguien que se aboque de forma completa a la política, era preferible esta última opción. Remarcaba la necesidad de que sea un profesional de la política. Alguien que esté ocupado exclusivamente en los temas públicos.

Y es por eso que todavía tiene sentido que todo político que desempeña una función pública, sea un ministro, secretario, gobernador o legislador perciba un sueldo por su tarea.

Ahora bien, la discusión no es tanto lo que ganan por sus sueldos oficiales, sino por aquellos ingresos “extras” o “por izquierda”, como se suele decir, obtienen. Además tienen otros beneficios, como por ejemplo, los legisladores nacionales pueden canjear por efectivo los tickets aéreos y terrestres, que les entrega el Congreso Nacional para trasladarse por el país.

Muchos no los usan pero después terminan cambiándolos por dinero y logrando unos “jugosos” sobresueldos.

Estudios comparativos entre la legislatura nacional y la española demuestran que «el costo por diputado argentino es 3 veces mayor que el de un diputado en España; y el de un senador es 13,5 veces más alto».

Indudablemente hay un excesivo gasto político. Pero quizás si la mayoría de los políticos fueran productivos no estaríamos hablando del costo de la política. Y es aquí donde surgen muchas preguntas para plantearles: ¿Cuánto tiempo le dedican a la política, el tiempo que les sobra o viven para la política? Si son legisladores, ¿Van siempre a las sesiones y a las reuniones de comisión o brillan por su ausencia? ¿Intervienen en los debates? ¿Presentan proyectos? ¿Son de relevancia? ¿Tienen asesores que realmente los pueden orientar sobre diversas temáticas o son personas a las cuáles les debían favores?

Indudablemente los tiempos de Pericles han pasado. La sociedad reclama que los políticos también se ajusten y se pongan a tono con la realidad. Aquellos funcionarios que han decidido congelar sus salarios o reducir sus dietas están escuchando el mensaje. Los que no lo han hecho, sepan que el pueblo está esperando un gesto de parte de ustedes y no se sabe hasta cuando tendrá paciencia.

image_pdfPDFimage_printIMPRIMIR
To Top

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies