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El drama humano de las aldeas afectadas por el incendio de Almonaster

El pavoroso incendio que se declaró en el paraje Olivargas de Almonaster la Real sigue dando que hablar. La Asociación Aldeas Unidas y la incipiente Plataforma Vecinal de La Zarza han reclamado este martes, un día después de que se haya extinguido, atención a la sociedad y a las administraciones, tanto ayuntamientos como Junta de Andalucía, al «drama humano» que se ha generado con este incendio de la mano del drama ecológico, que «es mucho más profundo e irreparable que éste».

Así, señalan que la Junta «está ignorando» en el proceso de evaluación e inventario de daños, previo a un plan de reconstrucción, a los vecinos afectados, que no están representados por las «entidades que representan intereses económicos».

Por ello, «sentimos indefensión y abandono las personas que poblamos estas aldeas que conforman el particular mosaico de municipios de la sierra de Huelva, que constituyen el importante patrimonio antropológico y son las verdaderas garantes del valor ecológico, económico, social y cultural de este territorio», reivindican.

Estas asociaciones critican que el territorio afectado por el incendio forestal ha sido definido por políticos, entidades diversas únicamente según el criterio de las masas forestales quemadas o el uso económico del mismo que se ve afectado, así como que se haya solicitado una Oficina Técnica para la Reconstrucción, pero las asociaciones vecinales «no han sido convocadas» para encontrarse con los políticos y funcionarios gestores de la estrategia para la futura actuación sobre el territorio.

De igual modo, censuran que el secretario general de Agricultura, Ganadería y Alimentación, Vicente Pérez, haya mantenido un encuentro en Huelva con representantes de organizaciones agrarias, ganaderas, forestales y cinegéticas de la provincia, cuando consideran que la restauración forestal que se haga «deberá contemplar la estrecha interacción de la actividades de las poblaciones de las aldeas con el bosque, siendo evidente que se debe apostar por especies menos inflamables y más acordes con las características del monte mediterráneo», es decir, sin plantaciones monoespecíficas y con un seguimiento y reposición de marras que asegure su «correcto» desarrollo como bosque mediterráneo.

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