Firmas

El Paseo de Gibraleón

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Gibraleón 2

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Gibraleón 5

A vista de pájaro, Gibraleón no deja de ser un pueblo más de los pueden ver las cigüeñas en su transitar de cada año buscando aires africanos, o volviendo de allí, aunque quizás también a los pájaros que cruzan por encima de nuestro paseo les resulte extraño ver que en medio de esa plaza reina una fuente redonda, y que las cinco personas que en ese momento andan por ella ya han olvidado que allí hubo antes una fuente con las mismas y racionales proporciones rectangulares de la plaza.

Recuperar imágenes como ésta, a vista de pájaro, nos invita a especular con el tiempo suspendido justo en ese preciso instante en que una avioneta cruzaba por encima del pueblo, como un pájaro más, para dejar constancia de la realidad cotidiana de un pueblo perdido al sur del sur de la vieja piel de toro: la escasez de vecinos en la plaza o sus alrededores nos invita a especular sobre la hora en que el fotógrafo disparó, y podemos decantarnos por pensar que era temprano o la hora de la siesta, aunque es la sombra que proyectan todos los elementos a la vista la que nos puede indicar la hora exacta en que el fotógrafo disparó.

Seguro que ese paciente borrico que espera en la puerta del casino, situado contra natura para la normal circulación de los coches, nos da el dato de que, por entonces, el flujo de vehículos era escaso y, también, que el dueño de aquel colega de Platero no temía por la integridad de su burro, más allá de la información que nos ofrezca distinguir qué modelos de coches son los que están aparcados para así poder concretar, cuanto menos, la década en que se hizo la foto, sin necesidad de ser panturrano de nacimiento y llevar ya unas cuantas décadas transitando por este valle de lágrimas.

Al igual que por muchos otros pueblos de España, en los primeros sesenta, un buen día y sin avisar, apareció un avión para tomar fotos con las que imprimir postales que luego se podían comprar en la Imprenta-Papelería Roca o en los estancos más céntricos de nuestro pueblo, cuando enviar postales todavía era un uso social que denotaba un cierto punto de distinción.

Y ya que se gastaron el dinero en contratar una avioneta para hacer fotos a vista de pájaro, ésta debería servir para recordarle a algún alcalde por venir que un siglo de estos debería recuperarse la alargada fuente de las ranas y los peces de colores jugando en su bosque de nenúfares, y devolverla a su lugar de origen para quedarse enseñoreada en el tiempo, ya para siempre, en mitad de nuestro paseo.

https://www.youtube.com/watch?v=BMDbiSmR5XA

Quizás así llegaríamos a la benetiana conclusión de que lo que arruina las cosas es la memoria, y no la intemperie, y podamos volver a cantar una vez más lo que escribí hace treinta años y ya es patrimonio de todos los panturranos en edad de merecer:

El casino solo, el paseo desierto, y amanece lento;
el rocío fresco borra de mis labios tantos juramentos,
y en mi noche oscura un cometa cruza por el firmamento
mientras pienso que lo mejor de ayer hoy es mi tormento…

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Imágenes:

El paseo de Gibraleón a vista de pájaro, y otras fotos de la misma plaza a través de los años.

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