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ROCIO 2020 GENERAL
Firmas

El único partido de Estado

En medio del frente de batalla, donde desde ambas trincheras se lanzan de manera inmisericorde invectivas tratando de manipular a los españoles aprovechando la Crisis del Covid-19, sólo hay un partido relevante que ha sabido estar a la altura. Guste a unos o no, ese ha sido Ciudadanos. No voy a andarme por las ramas. Las posiciones de cada bloque han quedado claras, y no debe olvidarse que los naranjas constituyen un partido de la Oposición y no del Gobierno, revistiendo, si cabe, de una valentía aún mayor sus actos. Tanto más teniendo en cuenta el tipo de gobernante que es Sánchez y los rasgos fundamentales por los que se ha caracterizado su gestión de la crisis. No ha escuchado a nadie y, desde el minuto uno, ha procurado esconderse tras una maraña de expertos, términos médicos y gestiones opacas para eludir su responsabilidad por haber expuesto imprudentemente a los españoles a una de las mayores tragedias de su historia para satisfacer su sed de poder y los intereses electorales de su partido. A la par, no ha vacilado en recortar los derechos y libertades de las personas con tal de amordazar a la opinión pública.

Y qué decir del Partido Popular y de Vox. Los azules no han conseguido erigirse en una alternativa viable, planteando objeciones sin ser capaces de ofrecer nada más allá de la mera ‘oposición’ que se agota en sí misma, tan temerosos de que los de Abascal les coman el terreno que no son capaces de reparar en las posiciones que serían exigibles de un partido que ha gobernado durante buena parte de la Historia de España en libertad. Casado no midió los tiempos y cuando quiso darse cuenta, a nadie le importaba lo que tuviera que decir, ni la decisión que tomaba su partido. Por el contrario, Vox ha hecho lo esperable. Como toda opción radical, se ha encerrado en sí mismo practicando una oposición tan inútil como desdeñosa, centrada en la misma teatralidad que se le reprocha a Unidos Podemos e igualmente vacía de contenido. Su nula capacidad para articular medidas viables y prácticas, susceptibles de ser llevadas a cabo cuando más se necesitan le invalidan precisamente como eso: como partido de Estado.

Y es que ser un partido de Estado es, o debería ser, mucho más. No consiste en asumir como propios los fallos del mismo, o en aceptar el estado de cosas tal y como con. Es, por el contrario, plantearse cambios profundos para corregir errores por medio de políticas inteligentes y prácticas que puedan ser aplicadas de verdad y que mejoren en la calidad de vida de los ciudadanos. No existe nada más destructivo que la venta de recetas ficticias cocinadas en el reino de la fantasía. Para el partido de Estado, la Revolución se hace mediante la Reforma. De manera que en conjunto compongan el puzle del cambio del modelo presente (marchito y corrupto) por otro diferente (en el que la libertad individual de los españoles y los destacados programas sociales sean sus características definitorias).

Esto es algo que parecen haber olvidado a un lado u otro del espectro político. Tanto socialistas como populares y sus alas extremas. En la situación actual, aunque sea desagradable de aceptar, el Estado de Alarma es necesario. Al menos, hasta que se contemplen las fases de la Desescalada. Lo que hay que hacer es arrebatar al Gobierno la capacidad para violar las libertades individuales de las personas y de colar leyes ideológicas amparándose en lo que hasta ahora ha sido en realidad un Estado de Excepción encubierto. Y reflexionemos: a la larga el remedio puede ser peor que la enfermedad, puesto que el Estado de Alarma ha de renovarse cada 15 días, pudiéndosele negar al Gobierno. Pero si se opta por aplicar otras leyes, como la inconstitucional Ley de Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza) o la Ley de Seguridad Nacional para limitar esos mismos derechos y libertades, se está abriendo la puerta al Ejecutivo para que se acomode a una interpretación y puesta en práctica de dichas leyes enormemente restrictiva y susceptible de perdurar ilimitadamente en el tiempo hasta que los Tribunales declararan la ilegalidad de tales prácticas, si estas se produjeran. Un Estado de Alarma controlado y fiscalizado por el Parlamento que no dure ni un día más allá del fin de la desescalada es la única alternativa viable, además de ser la menos liberticida.

Llegamos aquí al papel que ha jugado Ciudadanos. Debe tenerse presente que el acuerdo coyuntural para prolongar el Estado de Alarma no es ni debe ser para la formación liberal la antesala de unos acuerdos sistemáticos con el PSOE ni con sus aliados en todos los territorios ni en todas las materias. Un partido con vocación de Gobierno no puede operar como bisagra ni tener socios preferentes. Por lo tanto, debe pactar con cualquier formación siempre que no sea independentista ni heredera de ETA en tanto que dichos acuerdos se hagan acorde con el Programa del partido naranja. Aclarado esto, nadie debe olvidar que, gracias a él, la adaptación de los ERTE y las ayudas para Pymes y Autónomos se ha desligado del Estado de Alarma, que es lo que pretendían Sánchez e Iglesias para mantener en la palma de la mano a la población española mientras les saqueaban sus libertades. Sin ir más lejos, se le ha arrancado también la necesidad de negociación en las medidas y pasos que el Gobierno dé durante lo que resta de crisis. Hasta ahora, ningún otro partido, desde luego ni Vox ni el PP, han hecho algo tan significativo para minar la autoridad omnímoda con que se ha estado rodeándose el Gobierno de Coalición. Y esto son hechos reales, materiales, constatables. No proclamas vacías destinadas al aplauso fácil.

Aquí se abre un escenario suculento para Ciudadanos que, una vez eliminado el lastre de aquellos miembros que condujeron al partido al desastre en las últimas Elecciones Generales, puede escalar puestos en la pirámide de credibilidad política española y volver a erigirse como una opción de Gobierno. Aprovechándose además de la torpeza del resto de partidos de la Oposición: Vox no se va a mover un milímetro de su postura, y el PP está condenado a seguir en la ‘abstención’ o en el ‘no’, toda vez que retirado el ‘sí’, volver a él dejaría en ridículo a su dirección y evidenciaría bisoñez y falta de habilidad estratégica y táctica. Con todo, Ciudadanos debe plantear exigencias más altas a Sánchez si quiere contar con su apoyo, que no pueden limitarse en modo alguno a las que ya se han pactado. Entre estas deben contarse:

1. El cese inmediato de la restricción de los derechos individuales de los ciudadanos y de la monitorización de las redes sociales para censurar los discursos de la oposición y de los ciudadanos discrepantes de la gestión gubernamental.

2. La derogación inmediata de todas la modificaciones legislativas y disposiciones hechas al amparo del Estado de Alarma y que nada tenían que ver con él, de un marcado carácter ideológico.

3. El acuerdo de medidas de fomento del tejido industrial español y de facilidades fiscales y laborales para empresas, sean estas grandes, medianas y pequeñas, de manera que puedan generar puestos de trabajo en condiciones óptimas y de perdurabilidad.

4. Un paquete de ayudas sociales para los sectores más desfavorecidos, con el correspondiente ajuste presupuestario que garantice su financiación y su adecuada provisión.

Si el Gobierno se negara a llegar a tales acuerdos, o decidiera escurrir el bulto a la espera de que pase la emergencia sanitaria y se pueda permitir incumplir sus promesas, Ciudadanos debería plantearse la modificación de su decisión. A pesar de lo anterior, el paso de la formación ya es significativo, y le otorga un puesto en el olimpo de la sensatez y la altura de miras. Dependerá de su astucia capitalizar el haber tomado la decisión adecuada o dejar que sus adversarios machaquen a un partido que ha tenido el valor de hacer lo que ellos jamás habrían sido capaces.

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