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Directo CARNAVAL ISLA 22 FEB
Firmas

Entre todos lo mataron

Alan“Lo de Alan no fue un suicidio, sino un asesinato social”, afirman quienes quisieron y conocieron al chico transexual, menor de edad, que decidió terminar con una vida llena de claros oscuros, de infiernos, de acoso.

Puedo ver la mirada torva y la sonrisa mezquina de quienes maltrataban, a diario, a este chico que supongo se terminará convirtiendo en un símbolo social. Ojalá así sea, porque esta sociedad que nos toca transitar es tan visual, tan momentánea, que se necesitan iconos e imágenes que representen nuestros miedos y angustias. Puedo ver también el silencio cómplice del grupo, permitiendo el abuso, el insulto, el desprecio. Porque el asco, la estrechez de parietales y la estupidez se reconocen fácilmente en el rostro humano. Las emociones negativas y simples son lo que tienen, que se plasman con velocidad de vértigo en la cara que las sustenta.

Puedo ver, asimismo, la carga insoportable, la ansiedad, el sufrimiento, de este muchacho y de su familia, teniendo que enfrentarse continuamente a que no aceptaran su diferencia, su diversidad. Porque en este mundo se rechaza lo que no se conoce instintivamente, y como no hay una educación emocional intensa y continuada ni en centros educativos ni en las familias, se toma lo normal como universal y únicamente válido, no aceptando a la gente que tenga otros matices o rasgos, ya sean físicos, sexuales o de otro tipo.

Antes de ser maestra fui monitora de talleres de educación en valores, una tarea que me apasionaba. Nunca olvidaré escenas de actitudes positivas entre los niños que estaban a mi cargo, la expresión de sentimientos positivos, la escucha activa entre ellos, el aprendizaje arduo de resolver los conflictos mediante el diálogo…Pero tampoco olvidaré jamás cuando en una ocasión un par de niños me contaron, jactándose de ello, que le habían dado una bofetada a un compañero, en la calle (que encima saben cómo tienen que hacer el daño), “porque es maricón, maestra”. Y a mí, que se me desmontaron todos los esquemas, antes y ahora, inevitablemente, se me viene a la cabeza la España de Bernarda Alba, Puerto Hurraco y toda la miseria que este país lleno de catetos arrastra como alma en pena.

Razonas, entonces, acordándote de todos los Alan que pueden estar pasando dolor por culpa del odio visceral y absurdo por parte de los acomplejados, los amargados y los de corazón sucio, que encima tenemos una ley del menor insuficiente y ellos, los niñatos, lo saben. Y concluyes que si las escuelas, las familias y la justicia no actúan conjuntamente, esta sociedad cerril no cambiará. Si esto no ocurre, cada cierto tiempo, como viene pasando, saltarán a los medios las noticias penosas del suicidio de chavales porque ya, literalmente, no podían más. Con lo hermoso y reconfortante que sería un mundo al revés, consistente básicamente en que se despeñara por barrancos de bella estampa toda la mala gente, la chusma que se divierte dañando a los demás. Así, en filita de uno. Mitigaría dolores, aliviaría conciencias y evitaría tragedias.
Que allá donde esté tenga Alan la paz que aquí no pudo disfrutar.

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