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Feminista y también femenina

La igualdad entre hombres y mujeres, la real, la buena de verdad, aún no se ha conseguido. Sólo pondré un ejemplo: la mayoría de las empresas privadas pagan menos a sus trabajadoras que a sus trabajadores.

Esa discriminación salarial debería ser un delito y, sin embargo, el Estado mira para el cielo, como por hacer algo, y silba, disimulando. Ser feminista es creer en esa igualdad y procurarla. Punto. Todo lo demás son juegos mentales de los ociosos. Soy, por tanto, feminista y también femenina, aunque me da lo mismo la actitud sexual de cada cual.

Me producen escalofríos los ataques homófobos y la violencia de género. Por cierto, quien se atreva a negar esta última es un necio o un mal informado. Las violaciones a hombres por parte de mujeres son casi inexistentes; el maltrato físico o la criminalidad de mujeres a hombres, mínimo, pues no llega al cinco por ciento.

Así que en este contexto de gente crispada, ellos y ellas, me da por cavilar que la mayoría de los hombres son maravillosos y nos ayudan y los ayudamos. Y somos compañeros de vida, complementándonos y enriqueciéndonos mutuamente. Hay que estar por encima de misoginias y misandrias y educarnos en el respeto y afecto a los demás, con independencia de su identidad y condición sexual. Dicho esto, igual que el año pasado secundé la huelga del 8 de marzo, esta vez no encuentro la motivación.

Sí la de manifestarnos a menudo, cada vez que se pueda. Creo que algo está fallando en nuestra sociedad, en general, porque nos siguen violando igual, matando igual, jodiendo igual. La gente habla mucho, se enfada mucho, y los cambios sociales tardan muchísimo en llegar. Algo no se está haciendo bien si las estadísticas arrojan los mismos datos un año tras otro en cuanto a violencia contra la mujer.

Quizá sea una idea perversa, pero se me ocurre que los altísimos políticos y empresarios de este país, esos que no sabemos ni quiénes son porque están amparados tras los que dan la cara para que el personal a veces se la rompa simbólicamente, se parten de la risa con tanto jaleo como montamos para conseguir apenas nada.Y esa idea perversa la alimentan las risotadas que escucho a lo lejos. Parecieran hienas relamiéndose con la carroña que en breve van a saborear.

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