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Gibraleón: se cumplen 39 años del fallecimiento de Aurora Moreno

Pablo Sycet el pasado verano en Gibraleón entre Aurora y Martina, nietas de Aurora

Tal día como hoy, el 25 de enero de hace 39 años, falleció con 39 años en este mismo Gibraleón que ahora me acoge Aurora Moreno Briz, la que sin duda ha sido la mujer más determinante de mi vida, dejando aparte a la que me trajo a este perro mundo y me repitió hasta el fin de sus días, cada vez que la ocasión lo requería, que «quien guarda, halla», como si este dicho no tuviera que estar supeditado al mundo material, sino abierto a otras dimensiones que nos permitan tener siempre presente vivencias y recuerdos de personas que dejaron tan profunda huella en nuestra vida que siempre estarán en ella, aunque ya no sigan transitando por este valle de lágrimas.

Y puesto que fue mi cuñada Aurora quien alentó todas mis inquietudes de adolescente para convertir mis deseos de tener la vida que soñaba, y no la que supongo estaba escrita en el guion familiar, y la que me regaló tantos libros y discos que fueron tan importantes en mi educación sentimental, cada vez que me embarco en algún desafío profesional, o tengo alguna de esas dudas existenciales que me superan por los cuatro costados al afrontarlas, yo siempre recupero para el presente desde el desván de mi memoria aquella foto que disparé en el madrileño Café de Gijón, en la que ella me mira tan intensamente, de frente, que quiero creer que aún tiene respuestas para casi todas mis zozobras.

De su mano, además, yo llegué a una Nava nevada, en una Navidad de seis décadas atrás y, alentado por ella, fui con mi abrigo de espiguillas y el temblor del imberbe hasta el caserón familiar de los Becerriles y llamé a la puerta: me abrió Jaime Gil de Biedma, tan sorprendido como yo porque no contaba con que fuera el poeta quien la abriese y, tal como me recordó en una de sus cartas de entonces, que guardo como oro en paño, no me pudo atender como hubiera deseado porque estaba con su pareja viendo ‘El último cuplé’ en televisión. Y fue así como aprendí, de una vez por todas, que «la vida a veces es tan breve y tan completa que un minuto, cuando me dejo y tú te dejas, va más aprisa, y dura mucho… »

Sin el amparo de mi Aurora yo nunca hubiera volado a Nueva York, y más tarde a Alejandría, para inaugurar la exposición de ‘Jaime Gil de Biedma, según sentencia del tiempo’ (*), ni en estos días se estaría exhibiendo en la vitrina de ‘La gloria de los malditos’ (**) una de sus cartas manuscritas de los años 70, y por tanto yo no tendría tantas razones para seguir tan ilusionado a pesar de mis años, tan ilusionado por viajar hoy hasta Tavira para hacer realidad, otra vez más, la Feria Transfronteriza «por amor al arte», como reza en sus soportes de difusión: con mucho oficio pero ningún beneficio, porque el corazón mandará mientras yo tenga aliento.

(*) Jaime Gil de Biedma, según sentencia del tiempo. Biblioteca del Instituto Cervantes. Alejandría. Hasta 28.03.23.
(**) La gloria de los malditos’. Sede de la Fundación Olontia. Gibraleón. Hasta 21.05.23.

Pablo Sycet
Pablo Sycet (Gibraleón / Huelva, 1953) es uno de los pintores andaluces imprescindibles de su generación -la de los años 80-, posiblemente la última generación de artistas para los que la pintura ocupa un papel central. Sin perder de vista en ningún momento esa centralidad de la pintura, a lo largo de tres décadas continuada de trabajo, la labor creativa de Pablo Sycet se ha ido desplegando en un amplio abanico de campos complementarios: la edición, la tipografía, el diseño gráfico, la fundación de galerías de arte, la organización de exposiciones, las letras de canciones, la producción musical... En otro orden de cosas, Pablo Sycet ha sido un puente fundamental tanto desde el punto de vista geográfico como desde el punto de vista generacional. Geográficamente hablando, por él han circulado buena parte de los caminos que han unido Andalucía y Madrid durante estas décadas. Aunque su residencia habitual ha sido madrileña, nunca ha renunciado a sus vínculos andaluces y especialmente granadinos, muy al contrario, siempre ha intentado reinvertir allí, en Andalucía, metafóricamente hablando, y a veces incluso monetariamente, lo ganado y aprendido en Madrid. Desde el punto de vista generacional, también ha sido un puente generoso y desprendido entre los artistas de las generaciones anteriores a la suya -de Gordillo a Guerrero- y las posteriores, incluidos los jovencísimos artistas emergentes de este mismo momento.

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