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«Hambre de Pellets», la nueva amenaza que se cierne sobre Doñana

El término “Hambre de Pellets” ha sido diseñado por el colectivo ecologista femenino, Mujeres por Doñana, para identificar una amenaza, que, aunque de forma silenciosa y metódica, aseguran que amenaza con acabar con la riqueza forestal del entorno del Parque Nacional.

La crisis energética ha disparado el consumo de pellets para las calefacciones. Los proveedores que abastecen a las empresas que gestionan este producto, que no olvidemos proviene de la biomasa, encuentran en las zonas forestales un verdadero «maná verde» que les permite responder a la incesante demanda de las superficies comerciales.

«Y es que, en principio, este proyecto, jugosamente regado con subvenciones por parte de la Junta de Andalucía, se ideó para aprovechar la denominada “biomasa residual”, donde los restos de poda, clareo de pinares o residuos de la gestión agrícola serian la base del pellet», explican.

El precio de este producto se ha disparado y, según “Mujeres por Doñana”, los bosques de acebuches, chopos y álamos de, este castigado, Parque Nacional van a sufrir un durísimo desgaste.

El colectivo femenino no puede, aún, catalogar esta situación como delito medioambiental y se abstienen de señalar, o acusar, a ningún particular o empresa de unos hechos cuya trazabilidad desconocen, pero si se atreven a catalogar como “Barbaridad Medioambiental” la tala de masas forestales en zonas de una enorme diversidad ecológica.

Primero, se comenzó con el denominado clareo de pinares, de cara a evitar la propagación fácil de los incendios forestales, explican. Este aspecto es considerado positivo por estas ecologistas pues, efectivamente, el clareo dificulta los incendios y además crea empleo y riqueza en los entornos donde se lleva a cabo.

Pero ahora, ante la vorágine por conseguir el deseado pellet, se ha potenciado un nuevo termino denominado “riesgo de caída” con el cual se consiguen permisos de arranque, y explotación, de enormes cantidades de árboles que llevan cuarenta, o cincuenta, años sin presentar ninguna anomalía.

Para las ecologistas esta ambigüedad, puramente etimológica, permitirá arrancar todos los árboles que deseen. La explicación es bastante simplista: potencialmente todos los arboles pueden caerse.

Olena Yurchenko, una ucraniana afincada en España, o Verónica son parte de las, casi, 30 mujeres que, de forma altruista, y hasta ahora, sin ayuda de nadie van a presentar batalla a la destrucción de estas masas forestales, algunas con más de medio siglo de existencia.

Presienten que los enormes intereses económicos que genera esta industria van a crearles más de un problema, pero se muestran decididas a afrontar el reto y luchar, no por ellas, sino porque sus hijos e hijas puedan disfrutar de una Doñana verde y saludable.

Su primera acción, al respecto, consistirá en solicitar una inspección, e informe, del verdadero estado de salud de los árboles que se están cortando a discreción en el, denominado, Paraje de El Algarve en Hinojos. Reseñan que en esta zona, que ha comenzado a ser literalmente arrasada, se ubica una de las colonias de chotacabras más prolíficas de Andalucía.

Este bosque es su zona de anidamiento cuando en junio vuelven de su migración desde el África Central para sacar adelante sus polluelos. El chotacabras, ave de costumbres nocturnas, está referida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”.

Cristina Mariño, coordinadora de “Mujeres por Doñana”, reseña que los chotacabras llevan nidificando aquí desde tiempos inmemoriales y se niega a aceptar, sin lucha, que la codicia humana los lleve directamente a la extinción en este paraíso ornitológico.

La zona que se está desarbolando está comprendida en la zona de dominio público de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, pero algunos parajes donde se llevan a cabo las talas pertenecen a entornos dependientes de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

El aprovechamiento forestal, que supervisa la Junta, comprende apicultura, pinos, corcho, piñas, e incluso eucalipto, pero “Mujeres por Doñana” está investigando si los bosques de chopos que están siendo arrancados también están comprendidos en ese permiso de aprovechamiento.

Las ecologistas van a intentar conocer cómo se ha planificado esta programación de talas, pero también quien ha pasado a la firma de los responsables de Confederación Hidrográfica, o la Delegación de Medio Ambiente, las autorizaciones de corta. Sobre todo, es necesario visualizar cuál ha sido el destino de la madera de todos estos árboles que, supuestamente, estaban en “riesgo inminente de caerse”. Algunos de ellos enormes chopos con muchas décadas en sus troncos.

Creen que sería una buena idea prohibir, a la mayor premura posible, que nadie lleve a las empresas de pellets la madera ya molida o hecha virutas ya que esta práctica impide a los controladores de las factorías el observar, y en su caso denunciar, la procedencia fraudulenta del producto.

Consideran que, si las administraciones aceptan catalogar estas talas como “legales y autorizadas”, en base a la seguridad de las personas, la pregunta que se hacen es porque no existía esta inquietud, muchos años antes, cuando el aprovechamiento del pellet no existía.

“Mujeres por Doñana” manifiesta que colabora lealmente con las administraciones públicas y consideran que podría estarse produciendo el típico caso de “novatada” a un alto responsable.

Confían en la rápida reacción de los departamentos políticos afectados, y que sus técnicos frenen rápidamente este desastre medioambiental, al tiempo que exigen una trazabilidad real de todo lo que está pasando.

Esta inquietud coincide con lo investigado por la BCC británica que avisa, en coincidencia con lo denunciado por este colectivo español, de la tala masiva, e indiscriminada, de masa forestal para compensar la debacle energética que en Europa ha producido el conflicto de Ucrania.

Mientras esperan la intervención de las instituciones, este Batallón femenino se prepara para una durísima contienda en la que se decidirá si estos bosques, verdaderos tesoros naturales, siguen vivos para las siguientes generaciones o, es la otra posibilidad que existe, se convierten en combustible para alimentar “El hambre de Pellets” de estufas en viviendas.

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