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Inteligencia Emocional

La expresión genética, y no los genes, es la que nos define

A todos les resultan familiares conceptos como genoma, genes, hormonas, genética, ADN… No obstante, si existe algo que nos defina como personas, no es tanto por la genética, sino por la epigenética, a la que debemos mucho de lo que fuimos, somos en la actualidad, y de lo que seremos en el futuro.

Esta reciente disciplina científica estudia todos aquellos mecanismos no genéticos que alteran la expresión genética, sin que haya ningún cambio en la secuencia del ADN. Como explicó la Dra. en Biología Carmen Vida en su intervención en la Jornada Formativa de marzo del Máster en Inteligencia multidisciplinar y transversal del Instituto Psicobiológico, la Genética se encarga de estudiar la herencia biológica –transmisión de genes a lo largo de las generaciones–, y recuerda la diferencia existente entre el genotipo y el fenotipo.

Por genotipo, nos referimos al código genético, a la cadena de pares de bases del ADN de cada individuo, mientras que el fenotipo es la expresión genética (genotipo + ambiente) que los genes tienen en nosotros. En las aproximadamente 37 billones de células que tenemos, los genes se activan, reprimen y silencian –por metilación y otros mecanismos moleculares– continuamente.

Los estudios en el campo científico de la Epigenética han demostrado que células que son genéticamente idénticas no se expresan en el mismo fenotipo, y que el ambiente puede contribuir a cambiar el fenotipo.

Por lo tanto, como explica la Dra. Vida, la herencia es algo más que los genes, y eso se demuestra en los estudios realizados en gemelos (univitelinos o de un solo cigoto), que presentan un mismo genoma, pero un fenotipo dispar. Poseemos un código genético fijo, una cadena inmutable, pero esa inmutabilidad se pierde cuando hablamos de la expresión genética.

En este sentido, el cambio del fenotipo puede producirse mediante dos vías: el mecanismo clásico (mutación), y el epigenético, que son todos los mecanimos celulares que hacen que el gen se active o desactive sin cambios en la secuencia genética.

 

Investigaciones reveladoras

Estudios que se han realizado en el campo de la Epigenética (sobre todo con roedores) han llevado a los científicos del ramo a concluir que, incluso con el bebé en gestación, los mecanismos epigenéticos están en pleno funcionamiento. Así, por ejemplo, una madre que durante la gestación está sometida a un gran estrés emocional (emociones negativas, ansiedad, depresión…) provocará que se activen y/o repriman determinados genes implicados en la regulación del estrés y la ansiedad, dando lugar por ejemplo a un aumento del cortisol (hormona reguladora del estrés) que pasará por vía sanguínea de la placenta al feto, produciendo vasoconstricciones. En este sentido, se han estudiado niños de madres gestantes que han pasado por mucha ansiedad, y acaban padeciendo alteraciones conductuales cuando son adultos.

Otra interesante investigación ha mostrado cómo los bebés de mujeres que estaban gestantes cuando ocurrieron los atentados del 11-S (y desarrollaron estrés postraumático) presentaban bajos niveles de cortisol en su saliva –en comparación con la media normal–, e incluso habiendo cumplido 10 años, desarrollaban un patrón conductual de trastorno de estrés postraumático (sin que hubieran experimentado situaciones traumáticas en su vida), además de otros síntomas evidentes como fatiga crónica, depresión aguda y depresión.

Otra investigación que apunta a la ‘herencia de los traumas’ muestra cómo los descendientes de personas que sobrevivieron al Holocausto desarrollaron estrés postraumático y un patrón epigenético muy alterado (con genes activados en exceso o demasiado silenciados) a pesar de no haber experimentado situaciones de esa índole. En cualquier caso, todos los estudios corroboran que las marcas epigenéticas se heredan desde el desarrollo embrionario y se transmiten a la descendencia.

 

Ambioma, emociones y Psiconeuroinmunoendocrinología

Asimismo, uno de los conceptos más abstractos que siempre acompañará a la Epigenética es el ambioma. Con un sentido claramente contextual o experiencial, el ambioma se ha vuelto uno de los pilares sobre los que se asienta y configura la expresión genética y el desarrollo del individuo, teniendo en cuenta la poderosa influencia que tienen la calidad de la experiencia, las situaciones vividas, el medio ambiente, la alimentación, la personalidad-carácter, el vínculo de apego paterno-maternal en la infancia, etc.

En la línea de las investigaciones desarrolladas por la Dra. Mercedes García, directora del Instituto Psicobiológico, la Dra. Carmen Vida tiene claro que, teniendo en cuenta el genotipo, fenotipo y ‘ambioma’, la “Inteligencia Emocional sin duda tiene un peso importante en la Epigenética”, y en relación al ámbito de la Psiconeuroinmunoendocrinología y su vinculación con la Epigenética, se ha investigado sobre la incidencia del entorno y de los vínculos tempranos (familiar y luego social), como factores propiciadores de un desarrollo psicofisiológico saludable o vulnerable, y su transmisión a la siguiente generación.

La Dra. Vida basa sus argumentos en los nuevos estudios científicos que han demostrado que cuando estamos felices –o cuando experimentamos el bienestar subjetivo–, nuestro estado emocional tiene un poderoso efecto sobre los mecanismos epigenéticos, afectando a los sistemas reguladores del organismo (nervioso, inmunitario y endocrino), al igual que lo harían otros factores, como los rasgos de la personalidad.


 

 

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