Firmas

La guerra se hace en Madrid

El Madrid de Ayuso se ha convertido en el campo de batalla que disputa la España de Sánchez. Mucho más allá de Bilbao y Barcelona, pasando por Valencia o Sevilla. Es allí donde el contacto entre los modelos políticos hoy en liza es más estrecho, donde la ‘guerra fría’ se vuelve caliente y donde las armas propagandísticas contrastan su eficacia. Desde el inicio de la pandemia (o, más bien, desde que el Gobierno reconoció su gravedad y se dispuso a tomar cartas en el asunto) el choque entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno ha sido más que evidente. Madrid ha sido, guste o no, el epicentro de la crisis casi desde el primer momento. Las torpezas y dilaciones, cometidas por ambas administraciones prácticamente a la par, sumieron a los ciudadanos en la incertidumbre y en el estupor. Pagando, como es menester, los platos rotos.

Ahora, el juego sucio se agudiza y un narcotizado por las malas previsiones Sánchez se las ve con el apéndice del liderazgo de un débil Casado, como es Ayuso. Que no las tiene todas consigo, como nadie, habiendo sido testigo ante sus mismas narices del ‘cayetanazo’, sabiendo como sabe que al líder de paja no le va a temblar la mano a la hora de deshacerse de quien considere que puede aguar sus esperanzas de cambiar algún día los colchones de La Moncloa. El aserto más creíble en estos momentos es aquél que pregona que nadie tiene ni la más remota idea de lo que está por venir. Habiendo pedido el Gobierno 21.000 millones de euros a Bruselas para pagar los ERTE y la Renta Mínima, y habiéndose pulido ya más del 50% de esa cifra. Eso sí, nadie duda algo innegable a estas alturas: que se va a liar la de dios es cristo y que más vale ir preparando el petate para lo que vaya a pasar.

Y es en vista de esto que los políticos se afanan en lo suyo y marcan terreno preparándose para la ruptura de las hostilidades cuando la crisis económica que está a la vuelta de la esquina saque a la gente a la calle y haya que utilizar la ‘Ley Mordaza’ para mandarlos calentitos a casa y que no molesten. Nada que no se arregle con prometer subsidios y prestaciones sociales que no se puedan pagar. Pero, amigos, es problema del partido que gobierne después.

Este y no otro es el trasfondo que hay detrás del conflicto que hoy se libra en la metrópoli, donde quienes se han pasado toda la pandemia animando al recorte de libertades y a la limitación de la libertad de expresión montan ahora el cirio para oponerse a lo que ellos mismos han apoyado en otras zonas de España. Una actitud para nada espontánea y absolutamente deliberada, enmarcada dentro de la estrategia de desgastar todo lo posible y a la mayor velocidad la figura de Ayuso para, aprovechando el giro de Ciudadanos, colocarles entre la espada y la pared para que dejen caer a la presidente y apoyen al PSOE para hacerse con la Comunidad de Madrid y garantizar a Sánchez la paz en casa. De ahí que los socialistas y Podemos hayan azuzado a sus masas para salir a la calle y hacer presión enarbolando un tan cínico como estrafalario relato de ‘confinamiento por clases’ marxista para homologar las medidas tomadas por la Comunidad de Madrid al Gueto de Varsovia y no al abuso de la policía y la administración a las órdenes del Gobierno de España para imponer sanciones arbitrarias al servicio de un Estado de Excepción camuflado como Estado de Alarma.

No es una estrategia torpe: definir algo para provocar que la prensa se refiera a ello desde el primer momento con esa denominación ya es una victoria ideológica. Tanto más por cuanto la simplicidad del argumento cala con facilidad. Con mucha más facilidad que los datos que lo desmienten, como es que el ‘confinamiento’ de barrios en la ciudad se basa estrictamente en un criterio médico: 1.000 casos de contagio por cada 100.000 habitantes; y que existen tanto zonas de renta alta confinadas como zonas de renta baja no confinadas o sin restricciones. Pero es igual. Se trata de propaganda y nada más.

En la escuela de la política como una praxis despiadada, ganar cede ante todo lo demás. Y es por eso que el histrionismo continuo para generar titulares y desgastar al adversario dentro de la dialéctica ‘amigo/enemigo’ justifica situaciones tan insólitas como que el Presidente del Gobierno se reuniera con la Presidente de la Comunidad de Madrid bajo palio anunciando el entierro del hacha de guerra para que, el día después, el Ministro de Sanidad Salvador Illa torpedee la tregua y exija medidas más duras, incluyendo el confinamiento de toda la capital.

No se puede culpar a una serpiente por tener colmillos, pero sí a quien la manipula sin la debida protección y permite que le vayan a la yugular. A estas alturas sólo un ingenuo o un suicida piensa que Sánchez e Iglesias son de fiar. Su objetivo nunca ha sido otro que el manipular a las instituciones para gobernar a perpetuidad. Colocando élites extractivas que agoten las arcas públicas con políticas improductivas que minen el mérito y la capacidad para generar rentistas del Estado que vivan a costa los trabajadores y les mantengan para siempre en el Poder.

Ahora, a las puertas del desastre, con los contagios subiendo y un peligro serio de rebrote en invierno, quedan claras para todos los que sepan verlas cuáles son las prioridades del Gobierno. Disfruten de lo votado.

(Firma: Pablo Gea)

También te puede interesar

No se puede comentar.

Más noticias sobre:Firmas