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¿La nueva normalidad era esto?

Imagen de Elliot Alderson en Pixabay

Ahora que está de moda el término «distopía», lo usaré para explicar cómo percibo el mundo y la covid19. Vamos a peor todos los países, especialmente España, especialmente Andalucía, subiendo Huelva con ganas en esta penosa escalada.

Más muertos y más hospitalizaciones, pero no pasa nada. La gente hace vida normal, con su mascarilla, y venga bodas, vamos con las comuniones, que no falten los bautizos, ni los cumpleaños; cómo se va a perder la gente una barbacoa, una reunión de amigos o familiares comiendo y bebiendo cosa buena, cosa fina.

Cómo va a ser eso. Y luego está el virus, que mata, que en nuestra provincia en el último día han fallecido tres personas, que los brotes aumentan, pero cuchamari, que no pasa ná.

Y a mí todo esto me da bastante tristeza, porque una está en el claustro hogareño del que sólo sale para asuntos tan apasionantes como los centros de salud, miras así atónita en derredor, y no te salen las cuentas.

Casi quinientos muertos por covid en la última semana en nuestro país. ¿La nueva normalidad era esto? ¿Cruzar los dedos para que no te toque a ti ni a los tuyos, y a divertirse? Por no olvidar a los niños, hacinados en sus aulas, coronavirus gozoso, a ver qué pasa cuando llegue el frío.

La felicidad, creo, o la capacidad para procurarla, tiene más que ver con la manera en que las personas se adaptan a estilos distintos de vida que con llevar el mismo ritmo de ocio a toda costa, porque en España somos así y asao. Y al carajo, que somos del carajo.

Así nos va, divinamente. La distopía de un mundo que no reflexiona y se recoge un poquito en sí mismo, frente al que deberíamos estar transitando, prudentes, cuidadosos con una etapa vital en pandemia que arrecia como los malos temporales.

Claro. Es también por esto: olvidaba que este barco no tiene patrón.

(Firma: Fátima Javier)

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