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Especial 3 Agosto
Huelva

Las lesiones en la piel se agravan por uso de productos de limpieza por la COVID-19

El uso continuado de agentes externos agresivos como el alcohol, la lejía y otros tipos de desinfectantes, pueden causar lesiones en la piel que producen picor o dolor. Aunque este tipo de lesiones no son contagiosas ni ponen en peligro a quienes la sufren, pueden ser muy molestas e incluso condicionar la vida de la persona que las padece, por eso es necesario un correcto diagnóstico, tratamiento y seguimiento.

La nueva Unidad de Dermatitis de Contacto de la clínica HLA Los Naranjos está compuesta por profesionales de Dermatología y Alergología, que trabajan de forma interdisciplinar para abordar de manera conjunta el estudio de estas lesiones en la piel producidas por el contacto directo con agentes externos.

“En la consulta se intenta identificar qué moléculas causan la reacción al contactar con la epidermis a fin de evitarlas. Además, se instruye al paciente sobre unas normas y cuidados que se deben de observar siempre”, aclara Naser Aali Mohamed, alergólogo del centro.

El 20% de la población sufre dermatitis de contacto

La lesión más característica de la dermatitis por contacto es la vesícula o ampolla, pero existe una gran variedad que, atendiendo a su origen, se pueden clasificar en dermatitis alérgicas de contacto (cuando una sustancia causa una reacción alérgica) o irritativas (cuando la piel está inflamada por la exposición reiterada a un agente irritante). La dermatitis alérgica se suele acompañar de prurito o picor intenso, mientras que, en la irritativa, los síntomas más comunes son ardor y dolor.

La prevalencia media de alergia de contacto en la población general es del 20% y los agentes externos causantes más comunes son el níquel, presente en utensilios de cocina, cubiertos, herramientas, joyas o relojes, etc; el timerosal, que se usa como antiséptico y conservante en medicamentos tópicos, cosméticos y vacunas, y la mezcla de perfumes.

Las lesiones en las manos son muy frecuentes entre personas que trabajan con productos de limpieza y en las que confluyen otros los factores irritantes como la humedad, microtraumas, etc.

La dermatitis en el entorno laboral supone entre el 80 y el 90% del total de casos de dermatosis. “La media de jornadas de baja laboral de los pacientes afectados se cifra en 24,5 días al año, lo que implica una alta factura socioeconómica”, aclara el Dr. Naser Aali Mohamed.

Las dermatitis más frecuentes en el entorno laboral tienen que ver con el uso de aditivos de la goma, níquel y resinas, así como al empleo de jabones y el exceso de humedad. Las profesiones más afectadas son las empleadas del hogar, peluquería, enfermería y limpieza.

La COVID-19, detonante de la dermatitis de contacto

La COVID-19 ha aumentado exponencialmente el empleo de desinfectantes como jabones, lejías, alcohol, disolventes, etc. entre toda la población. Este uso continuado de productos agresivos ha provocado que la incidencia de dermatitis irritativa de contacto haya aumentado tanto en el ámbito doméstico, como en todos los sectores del ámbito laboral.

Durante el confinamiento, el Servicio de Información Toxicológica (SIT) , detectó un aumento en la incidencia de consultas telefónicas por intoxicaciones relacionadas con la mezcla de varios productos de limpieza en los hogares, que han sido responsables de intoxicaciones, tanto a nivel respiratorio como dermatológico, con síntomas relacionados con la irritación de la piel, picor, rubefacción o inflamación.

Prevención en tres fases

Identificar el factor detonante y la exposición al mismo es esencial para la erradicación de la dermatitis. “Para conocer el agente, se realiza una entrevista clínica, una exploración cutánea y un estudio alergológico mediante pruebas epicutáneas en parche, principalmente en la espalda”, aclara el alergólogo de HLA en Huelva. El tratamiento fundamental consiste en evitar el contacto con el irritante o alérgeno. De no ser así, el resto de las medidas terapéuticas fracasarán y empeorará la calidad de vida del paciente.

La prevención primaria tiene como objetivo evitar el desarrollo de una dermatitis en un individuo sano, lo que se consigue mediante la aplicación de estrategias de reducción de riesgo, como vigilancia continua de salud, optimización de la protección cutánea personal (guantes o cremas), educación del trabajador, campañas de prevención, etc.

En un segundo nivel, la prevención secundaria busca impedir los contactos y nuevos brotes de dermatitis en un paciente alérgico, para evitar la cronificación o progresión de los síntomas.

Por último, la prevención terciaria trata de rehabilitar al paciente con una dermatitis de contacto crónica para lograr su integración el trabajo y su vida normal.

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