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ROCIO 2020 GENERAL
Firmas

Los maestros, sin aplausos

No hay aplausos para los maestros y profesores. Casi nadie nos menciona en sus textos de gratitud. Somos ese incordio que se ha colado en los hogares mandando deberes a los chiquillos para que no olviden lo aprendido, para no dejar la mente quieta.

No hay aplausos para los maestros y profesores. Nosotros, que nos hemos tenido que poner al día en plataformas digitales en horas locas (ellos, mis compañeros; yo ahora miro desde la barrera, por desgracia) para atender a los niños, somos esa piedrecita en el zapato de las familias.

No hay aplausos para los maestros y profesores. Quejas. Lo de siempre. Quizá ha llegado el momento de entender de una vez que, aunque nos dejemos la piel, siempre, siempre por nuestros niños y niñas, somos la fea del baile con quien nadie quiere danzar.

No hay aplausos para los maestros y profesores. Los que enseñamos y formamos a los pequeños y grandes profesionales que ahora saben cuidarnos y atendernos en esta situación terrible, valemos lo mismo que una pelusa en la chaqueta.

Pero nosotros, los docentes, siempre invisibles para la Administración, que nos ordena poner tareas a veces complejas, nosotros, los incomprendidos, no queremos aplausos. Solo valoración y reconocimiento social.

Porque el cariño de nuestro alumnado, ese tesoro que ya poseemos, no nos lo quita nadie.

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