Que Isabel Pantoja cancele algunos de sus conciertos, y ya van unos cuantos, no es una buena noticia. No lo es para ella ni para quienes trabajan en la organización de sus recitales. Tampoco para la cultura en general.
En un país donde cada vez se editan menos discos, porque casi nadie los compra, y en el que existe un decreciente interés por pagar actos culturales -y mucho menos musicales- algunos se toman a chufla, e incluso parece que les divierte, que la sevillana anule sus actuaciones.
No se dan cuenta de que tanto la artista y su equipo tienen la costumbre de comer y pagar sus facturas.Y que cada cancelación conlleva importantes pérdidas económicas.
Pero no solo eso, decía la mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli que la música era bálsamo para el alma y, tal vez por eso, el ser humano necesita la música.
Por eso, es plausible la apuesta que unos cuantos empresarios han hecho este verano por traer festivales de primer nivel a zonas costeras como Matalascañas y Ayamonte, por poner dos ejemplos.
Tenemos aún mucho que avanzar en busca de un turismo de calidad como el que ofrece la costa de Cádiz en verano (con ejemplos como los conciertos de Scorpions o Simple Minds) pero parece que algo se mueve en Huelva en este sentido. Poco a poco.