Hay concejales que entienden la política como un servicio y otros que la convierten en un ajuste de cuentas permanente. Este artículo habla del segundo modelo: el concejal que no quería ser concejal, sino agitador, saboteador y fuente constante de ruido.
Es el perfil que no da la cara, que se parapeta tras perfiles falsos, que sustituye la verdad por la mentira sistemática y la crítica legítima por el bulo calculado. No informa: envenena. No fiscaliza: confunde. No debate: insulta.
Cuando faltan argumentos, aparecen las fotonovelas, los relatos inventados, las medias verdades diseñadas para generar odio y fractura social. Todo vale si sirve para erosionar, aunque el precio sea la convivencia del pueblo.
Este concejal practica con maestría el arte de tirar la piedra y esconder la mano. Ataca sin asumir responsabilidades, desaparece cuando toca trabajar y reaparece solo para señalar. Durante años ha vivido de la política sin ejercerla, cobrando sin presencia, sin compromiso y sin rendición de cuentas.
En los plenos no construye: provoca. No aporta: descalifica. Su comportamiento se acerca más al de un hooligan político que al de un representante público. El respeto institucional le resulta ajeno y la ética, prescindible.
Su trayectoria es la del oportunismo permanente. Ha transitado sin pudor desde la izquierda más extrema hasta la derecha más acomodaticia, demostrando que no cree en ideas, sino en su propio interés. Abandonó compromisos, traicionó a votantes y hoy ya no representa a quienes le dieron su confianza.
Lo más grave es que ha dejado de importarle el pueblo. Al saber que nunca contará con el respaldo mayoritario, ha optado por una estrategia destructiva: si él no gana, que pierda Almonte. Prefiere el fracaso colectivo al éxito ajeno.
Este concejal carece de proyecto, de coherencia y de ética. Se mueve por rabia y envidia, y esa frustración permanente lo lleva a actuar contra el interés general mientras dice defenderlo.
Almonte no necesita este modelo de oposición.
Necesita crítica leal, trabajo serio y respeto institucional.
Todo lo demás no es política.
Es demolición.