Opinión

¿Quién ganó el debate?

Juanma Moreno llegaba al debate con la estrategia más clara: no perder.
Debate de Canal Sur celebrado en la noche de ayer. Fuente: Canal Sur
photo_camera Debate de Canal Sur celebrado en la noche de ayer. Fuente: Canal Sur

Ayer asistimos al Debate Decisivo de Canal Sur de cara a las elecciones andaluzas del próximo 17 de mayo. Y, más allá de los titulares rápidos o del clásico “quién ganó”, creo que hubo varias claves interesantes.

Juanma Moreno llegaba al debate con la estrategia más clara: no perder. Cuando un candidato se juega la mayoría absoluta, el objetivo no es “ganarlo brillantemente”, sino el no cometer un error que altere la percepción de estabilidad y solvencia. Y Moreno Bonilla cumplió ese objetivo. No tuvo un debate especialmente brillante, pero tampoco sufrió desgaste. Y, en política, cuando lideras claramente las encuestas, eso suele ser suficiente.
Además, buena parte de la izquierda fue a por él, lo que también refuerza la idea de quién es el verdadero favorito electoral.

Para mí, la gran sorpresa —igual que ya ocurrió en el primer debate— volvió a ser José Ignacio García, candidato de Adelante Andalucía.
Y no necesariamente porque convenciera al conjunto del electorado, sino porque probablemente fue quien mejor habló para los suyos y para su espacio potencial de crecimiento.
Ser el candidato menos conocido jugó claramente a su favor. Aportó espontaneidad y un perfil menos institucionalizado que el resto. Comenzó además interpelando directamente a Moreno Bonilla, marcando territorio desde el inicio. Fue duro en el fondo, pero sin cruzar la línea de la bronca que nos había acostumbrado ciertos perfiles de la izquierda más radical. Y eso, estratégicamente, es inteligente.

También me pareció muy interesante la estrategia de Manuel Gavira, candidato de #VOX.
Seguramente fue el candidato que mejor administró sus tiempos. Mientras otros entraban en interrupciones e interpelaciones, Gavira optó por reservar gran parte de sus minutos para el cierre de cada bloque. Hizo pocas interrupciones, evitó desgastarse en debates secundarios y consiguió introducir prácticamente todos sus mensajes clave. Su objetivo no era discutir cada marco del adversario, sino hablar directamente a su electorado y a sus potenciales votantes. Y creo que lo logró.

En cuanto a María Jesús Montero, candidata del PSOE, se la vio bastante más cómoda que en el primer debate. Más segura, más fluida y menos rígida. Y eso se notó. Sin embargo, hay algo que ninguna estrategia de comunicación puede neutralizar : el desgaste acumulado de marca. Los escándalos nacionales que afectan diariamente al PSOE condicionan inevitablemente cualquier campaña territorial, por mucho que se intenten “territorializar” los mensajes.
 
Finalmente, Antonio Maíllo, de Por Andalucía, fue el que menos destacó, aunque no defraudó para su electorado siendo perfil asentado por sus votantes. Correcto y con propuestas.

En definitiva, fue un debate donde nadie sufrió un daño irreversible y donde cada candidato mostró claramente cuál era su objetivo electoral y su estrategia, y lo consiguieron. Muchas veces, en campaña, eso es más importante que el clásico titular de “quién ganó el debate”.

Fran Hervías es fundador de War Room