Para Huelva, nada
El patrón es el mismo que el de la financiación autonómica: asedio a los territorios donde no se gobierna, mientras los recursos y privilegios se destinan a Cataluña y País Vasco, donde los partidos secesionistas dan su apoyo al Gobierno a cambio de todo tipo de provisiones, chantajes y recursos. No importan las listas de espera ni el sufrimiento o las carencias que entorpezcan la vida de los ciudadanos, si estos van a acabar levantándose ante el adversario para poder beneficiarme del descontento y volver a gobernar en la región o la diputación, o mantenerme en el Gobierno de España.
No importa dirigir un discurso cargado de promesas a nuestros sectores productivos a nivel provincial, local y regional y luego, a nivel nacional, no ejecutarlo nunca. Importa prometer cuando no puedes hacer otra cosa, y no hacer para alimentar, en la práctica, el voto de mi clientela política y mi nicho electoral. Palo y zanahoria para Huelva, sin pudor ni responsabilidad alguna.
Ni Presa de Alcolea, ni Trasvase al Condado, ni desdoblamiento del Túnel de San Silvestre, ni materialización del acuerdo con Portugal relativo a los Bobeos de Bocachanza. No habrá ninguna materialización de acuerdos ni obras de infraestructuras hidráulicas en Huelva mientras este gobierno, el PSOE, esté en España.
En septiembre, y a pesar de las lluvias, volveremos a estar en alerta y vendrán de nuevo las restricciones. Todo es un espejismo y un argumentario electoral interesado para poder respirar políticamente. El PSOE maneja, con mano izquierda férrea, los grifos con los que, con nuestro dinero, riega con miles de millones y privilegia a los territorios cuyos partidos secesionistas les mantienen en el poder.
Ahora gobierna Sánchez, pero antes lo hizo Zapatero, que paralizó el Plan Hidrológico Nacional y la regeneración hidrológica de Doñana. No son los presidentes del PSOE, es el PSOE mismo. Han priorizado alimentar la participación de sus votantes. No hay gestión, hay parálisis e ideología. No hay hechos, sólo hay promesas, propaganda y confrontación diseñada para que los ciudadanos piensen y digan que todos los políticos son iguales.
Han aprendido de Podemos que del populismo se vive en política aunque no se gobierne. No está de moda en España cumplir la ley ni la palabra dada a los ciudadanos, y sí el postureo, que ya resulta lacerante cuando no letal para los sectores productivos y los ciudadanos, más si hay pocos en núcleos rurales que seguramente estén votando mal ahora que no les votan. La soberbia y las carencias democráticas son infinitas.
No les importa cerrar los grifos y que los sectores productivos y los ciudadanos lo pasen mal, si es que el malestar desgasta al adversario político mientras se alimenta la sed ideológica de los votantes urbanos, que son más donde se eligen los diputados clave que les marcan las encuestas que alimentan las mentiras que sueltan.
Tampoco importa hacer daño a nuestros agricultores, ganaderos y pescadores para contentar a una determinada casta de ecologistas (que no son todos, porque buenos, comprometidos con el desarrollo sostenible sin dejar detrás a las personas, y necesarios, los hay) que viven de las subvenciones de nuestro dinero que desde el MITECO les dan.
Es lo que hay y lo que habrá. Si me equivoco, pediré disculpas, pero la experiencia me dice y me pide que hable claro por el bien de mi tierra, y eso hago.
Si hay en Ferraz y en Moncloa algún gurú que sigue pensando que, con los labios agrietados de sed, los onubenses votamos mejor, que pueden prolongar la estrategia del palo y la zanahoria, o les va a seguir siendo rentable tenernos hastiados para estimular el voto urbanita en núcleos urbanos más poblados a costa de nuestro presente y futuro, que se prepare para, por una larga temporada, acomodarse en la oposición.