El pasado domingo, los autónomos salieron a la calle, incluido el que suscribe. Se mire por donde se mire, que el Estado te quite más del 60% de lo que generas con tu propio esfuerzo es inadmisible. Los autónomos y la sociedad hemos asumido esto como si fuera normal, cuando no lo es. Ni puede serlo. Y el Gobierno nos lo está poniendo difícil en general y a los jóvenes en particular.
A estas alturas las opciones para los autónomos se han reducido de forma drástica. A los despistados, que recuerden que fue el Partido Popular el que subió el IVA al 21%. Lo paga el consumidor, sí, pero daña irremediablemente la actividad económica del productor.
Estamos en una estructura cuya lógica es esclavizar a los jóvenes para sostener el sistema de pensiones. En un país donde el número de funcionarios supera al de autónomos, las matemáticas confirman la denuncia que hemos expresado en las calles.
Y todo ello sin un plan claro a la vista. A los autónomos solo nos queda seguir haciendo malabares hasta jubilarnos o cerrar el negocio. A los políticos les gusta decir que quieren ayudar a los autónomos, porque sería gracioso que tuvieran la desfachatez de decir que quieren arruinarlos.
Pero los hechos son inequívocos. Absolutamente ninguna de las medidas aprobadas en los tiempos recientes ha redundado en una mayor capacidad adquisitiva para nosotros ni para nuestras familias. Más bien al revés.
Pues pese a toda la retórica vacía de la innovación tecnológica y a las soflamas baratas sobre el emprendimiento, son miles los negocios que tienen que cerrar todos los años, a lo que hay que sumar esa enorme sangría de jóvenes que ven como este país sistemáticamente sabotea sus proyectos y sus sueños. Al final del día, uno bien puede reflexionar y decir: 'Pues que se busquen a otro tonto para llenarse los bolsillos.' Y son cada vez más los que pasan del dicho al hecho.