Opinión

Se están riendo de ti

El Presidente del Parlamento Andaluz pide subir las dietas de los diputados porque no llegan a fin de mes
Sede del Parlamento andaluz
photo_camera Sede del Parlamento andaluz

Cuando parece que el panorama político no puede ofrecer un ejemplo mayor de sinvergonzonería, siempre llega alguien que da más.

Anestesiados como estamos ante las continuas irregularidades, escándalos de corrupción y abusos de poder, que muchas de las altas instancias judiciales se empeñan en desestimar, parece que este gesto es aparentemente insignificante.

Pero no lo es, cuando el salario base de los diputados andaluces es de más de 3.000 euros. Por muchas fanfarrias propagandistas que al gobierno andaluz le guste esgrimir, y por debajo del revestimiento de una falsa prosperidad, lo cierto es que muchos andaluces tienen hambre.

Y tienen sed. Mientras los diputados se van de viaje fuera en estas vacaciones de verano, a otros sólo nos quedará observar ese disfrute impotentes desde unas condiciones económicas muy inferiores. Que desde las altas instancias de la Clase Política se haga una referencia tan airada a la dificultad para llegar a fin de mes constituye un auténtico insulto y una tomadura de pelo a los que realmente tenemos dificultades.

No me da la impresión de que quienes ocupan un escaño en el Parlamento tengan que soportar las inclemencias sociales de un barrio de renta baja. Lo peor de todo es que les da completamente igual, y te espetan esto a la cara sin el más mínimo pudor, con la arrogancia y en la confianza de que dentro de unos años les volverás a votar para que sigan lloriqueando durante otra legislatura más.

Dejando aparte a los representantes que realmente trabajan y son honrados, a los que realmente se ganan el sueldo, esto es una muestra palmaria más de qué es lo que verdaderamente les importa. Su prioridad. Si algo sobre lo que el Parlamento Andaluz debería legislar de una vez es para aliviar precisamente las dificultades de los sectores más desfavorecidos, de los obreros, de los trabajadores y de los autónomos, para llegar a fin de mes.

Los que verdaderamente sacan adelante este país con el sudor de su frente y no pueden quejarse siquiera. Cifras arriba, cifras abajo, da lo mismo. Lo relevante es la psicología que hay detrás del gesto.

La de una casta extractiva, la de una aristocracia improductiva que, el día que el pueblo les pida cuentas de verdad, caerán en un lamento tan merecido como inconsolable.