Opinión

¿La excepcionalidad del Torrejón?

Se hace la vista gorda con los criminales a cambio de que mantengan sus actividades dentro de las fronteras de sus respectivas zonas de influencia
Efectivos de la Policía Nacional en El Torrejón
photo_camera Efectivos de la Policía Nacional en El Torrejón

De repente parece que todos nos hemos dado cuenta de que el Torrejón es un sitio peligroso. No sólo este barrio, sino también otros similares tanto en la ciudad de Huelva como en otras.

Sirva de ejemplo las Tres mil viviendas en Sevilla. Muchos llevan años haciendo el juego al mito de la aparente normalidad de la zona.

Por intereses políticos y de otra clase. O quizás por pura cobardía. Rehuir la realidad siempre es mucho fácil que encararla. Y hacerlo no supone estigmatizar a los ciudadanos honrados que viven allí, víctimas de los delincuentes. Sino todo lo contrario.

Durante décadas se ha tolerado la existencia de esta realidad, mirando hacia otro lado para evitar precisamente el coste político de tomar decisiones drásticas para su solución.

Un fotógrafo en la zona del tiroteo de El Torrejón
Un fotógrafo en la zona del tiroteo de El Torrejón

La infradotación de la policía les ha dejado en muchas ocasiones inermes ante la delincuencia organizada que allí anida, impidiendo la ejecución de su cometido primordial: la protección de las libertades y de la seguridad de los vecinos.

En el fondo, lo cierto es que la clase política ha decidido sacrificar a quienes allí residen en aras de no alterar una ficticia paz social.

Un sucio pacto tácito, por el que se hace la vista gorda con los criminales a cambio de que mantengan sus actividades dentro de las fronteras de sus respectivas zonas de influencia.

El reverso de esto implica que, según en el lugar de la ciudad en que residas, tu integridad importa más o menos a los responsables políticos.

Un cálculo tan cínico como realista en términos electorales. Harían bien en tener en cuenta esto los vecinos del Torrejón, que salen ahora por los canales de noticias de todo el país para dar a conocer una situación triste envuelta en un halo de importancia.

Las fuerzas de seguridad harán su trabajo. Pero si los líderes políticos no se atreven a poner las cartas sobre la mesa para eliminar guetos como este, todo será pan para hoy y hambre para mañana.