Opinión

Francia: Un duro aviso para Europa

Marine Le Pen. Foto: @MLP_officiel
photo_camera Marine Le Pen. Foto: @MLP_officiel

El Reagrupamiento Nacional, la fuerza capitaneada por Marine Le Pen, se ha hecho con el 33,1 % de los sufragios en la Primera Vuelta de las Elecciones Legislativas francesas, frente al 28% del Nuevo Frente Popular de Jean-Luc Mélenchon y el 22% de Ensemble, la colación de Macron. Está por ver lo que sucede en la Segunda Vuelta del próximo domingo, pero lo que sí que es claro es que a los gubernamentales la jugada les ha salido rana y que la tendencia que avanzaban las pasadas Elecciones Europeas se confirma en un país tan importante para el proyecto europeo como es Francia.

Estamos hablando de que, lisa y llanamente, las dos fuerzas principales en votos son anti-sistema. Es decir, que una amplia mayoría de los franceses censura y castiga con dureza la gestión de Macron y los suyos al frente del Elíseo. Un duro golpe para una democracia consolidada como la francesa y un precedente que a buen seguro generará una estela que se seguirá en otros países del entorno.

Lo fácil aquí sería asumir que todos los votantes tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda son patanes ignorantes que desconocen lo verdaderamente importante del sistema político. Muchos líderes en Francia piensan así y han pagado el pato por ello. Los votantes saben perfectamente lo que quieren, y tienen muy claro quiénes les representan y quiénes no. El que una fuerza como el antiguo Frente Nacional -ahora con las aristas pulidas para hacerlo presentable y eliminar el miedo que la sociedad francesa le pudiera tener- haya obtenido una enorme representación entre los sectores obreros, trabajadores manuales y clases medias es un indicativo.

¿Qué ha sucedido? Pues que tanto las fuerzas conservadoras como las liberales y de izquierdas se han despegado de la realidad a pie de calle del ciudadano común. Se han afanado en la defensa de grandes principios intelectuales e ideológicos que a nadie le importan. O a casi nadie, porque está claro que la preocupación de un filósofo político no es la misma que la de un carnicero. Todos, absolutamente todos dentro del establishment han comprado el dogma de la cultura woke y de lo políticamente correcto, más preocupado por censurar que por atender a las condiciones materiales de vida de los ciudadanos. El asunto de los Chalecos Amarillos fue un punto de inflexión, en el que quedó claro que quienes se habían destacado tradicionalmente en la defensa de los intereses de las clases medias y bajas no iban a mover un dedo ante lo que consideraban una afrenta al dogma medioambiental.

¿Y dónde ha ido a refugiarse toda esta gente? A la extrema derecha. Y lo hace precisamente porque entiende que sólo esta formación defiende sus intereses, ante la ceguera ideológica de los demás. Este es el aviso que se lanza a toda Europa y a todas las formaciones políticas de todos los países del entorno europeo: o espabiláis o estáis muertos.