Opinión

Galicia: Las primeras elecciones tras la amnistía

Alfonso Rueda / Imagen de archivo
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Resulta extremadamente tentador examinar las elecciones en Galicia desde el prisma de las últimas acciones del Gobierno del Partido Socialista. Muchos análisis achacarán el descalabro de este partido en los comicios a una consecuencia directa de la concesión de la Amnistía a los independentistas catalanes. Y quienes así lo entiendan deberán examinar detenidamente los movimientos que ha habido dentro de cada uno de los bloques. Pues ni la Derecha ni la Izquierda han variado notablemente su representación. Lo que sí ha sucedido es un cambio en el equilibro de fuerzas dentro del espectro de esta última. 

En la Derecha, el Partido Popular mantiene su hegemonía y evita que Vox obtenga representación, aunque sí entra en el Parlamento autonómico la formación provincialista Democracia Ourensana En la Izquierda, el PSOE sufre un batacazo histórico con la pérdida de 5 escaños hasta quedarse en 9. Sumar, al igual que Vox, no pasa de ser un partido extraparlamentario. Y el BNG sube 6 escaños hasta los 25. Los socialistas consolidan su declive paulatino elección tras elección, y los nacionalistas gallegos se convierten en el partido de la oposición. Este hecho demuestra precisamente que la debacle socialista no tiene que ver con el desgaste generado por la gestión de Pedro Sánchez ni con un rechazo a la Amnistía, dado que la naturaleza nacionalista e izquierdista del BNG le hace más proclive aún que el PSOE a políticas de este tipo en lo que concierne a los independentistas.

Lo que ha sucedido es que la candidata nacionalista, Ana Pontón, ha sabido articular un proyecto seductor y creíble para el electorado de izquierda, en claro contraste con la debilidad insípida del socialista José Ramón Gómez Besteiro, al que ni la entrada en campaña de Zapatero ha conseguido salvar. Estamos hablando de votantes que, aunque en clave nacional puedan votar al PSOE, a Sumar o formaciones similares, en Galicia han optado por el BNG. Por eso no es posible considerar estas elecciones como un referéndum sobre Pedro Sánchez.

La tradicional ausencia de polarización en la sociedad gallega explica que se hayan quedado fuera los extremismos. A la vez que se ponen de manifiesto las dificultades para los partidos nuevos de penetrar territorialmente más allá de su relevancia estatal. Como han demostrado los casos de Ciudadanos primero y de Podemos después, si una formación de nuevo cuño no consigue una sólida implantación territorial tanto a nivel autonómico como municipal, un duro revés electoral a nivel nacional puede borrarlos del mapa. Son lecciones que deben anotar cuidadosamente Sumar y Vox.

En definitiva, los populares mantienen su bastión, mientras que los socialistas deben replegar velas y reorganizarse, especialmente para evitar que el efecto de Galicia corra el riesgo de extenderse a otros territorios, fomentando una desmoralización letalmente contagiosa que pueda poner en peligro la fuerza del partido en los enclaves autonómicos que aún detentan.