Opinión

A la hora de la verdad

El dinero que el anterior titular del Ministerio de Transportes se gastó en prostitutas bien podría haber servido para mantener la red ferroviaria en condiciones
Efectivos del Infoca en Adamuz
photo_camera Efectivos del Infoca en Adamuz

La tragedia que ha golpeado y destrozado a Huelva pone de manifiesto una cruda realidad: que, a la hora de la verdad, el Estado falla. A la hora de la verdad, la Administración es incapaz de ser eficaz y de proteger a sus ciudadanos. A los políticos les gusta pensar que la gente tiene la memoria muy corta. Según para qué, claro. Pero la larga serie de catastróficas desdichas que han incrementado el peaje a pagar por la ciudadanía es demasiado. La pandemia, la DANA, el apagón, los incendios... No estamos hablando de las catástrofes en sí, sino en la ineficacia palmaria del Estado al proporcionar ayuda inmediata. A lo que hay que sumar las mentiras descaradas para encubrir negligencias y cubrir responsabilidades.

Estampas determinadas se quedan en la retina para la eternidad. Desde esos bomberos franceses que llegaron allá donde nadie lo había hecho antes para ayudar a los que lo habían perdido todo, hasta los guardias civiles estupefactos al comprobar que, además del Iryo, había descarrilado también el Alvia. Quien escribe ha recibido testimonios de primera mano de personas que contradicen abiertamente esa mentira vil del Gobierno por la cual las muertes se produjeron al instante. No. Lo cierto es que muchos de los fallecidos del Alvia lo hicieron porque la ayuda se demoró casi una hora, porque el centro de control no tenía ni idea de que había otro tren descarrilado. Casi una hora de lenta y cruel agonía. Todo por un error en el mantenimiento de las vías. Mantenimiento que corresponde a una Administración, a un Ministerio, a un Gobierno.

Gobierno que no para de sablar económicamente a todo lo que se mueve. Ahora el dinero que los padres le den a sus hijos resulta que tendrán que tributar como donaciones, y más vale que hagan contratos de arrendamientos a la prole que mantengan en sus casas. Que el fisco anda al acecho. Pero el dinero que el anterior titular precisamente del Ministerio de Transportes se gastó en prostitutas bien podría haber servido para mantener la red ferroviaria en condiciones. Por mucho que manipulen, por mucho que mientan, nadie puede esconder esto.

El nuevo titular se pegaba golpes en el pecho públicamente afirmando que iba a mirar a las víctimas a la cara. Pues el pasado jueves no tuvo el valor de aparecer en Huelva. Como no lo tuvo su jefe. Sabedores de que muy posiblemente hacerlo implicaría pasar por el bochorno de enfrentarse a la ira popular, pese a la ejemplaridad y dignidad con el que el pueblo onubense afrontó sus horas más difíciles.

Pese a ello, todos en España somos conscientes de una realidad desagradable: la corrupción mata. Mata porque nuestros políticos roban el dinero a su vez que nos saca Hacienda con la excusa de que hay que financiar los servicios públicos. Servicios públicos que luego no se financian, siendo destinado este dinero a subvencionar a las clases pasivas y a pagar los chiringuitos de una clase política a la que le da exactamente igual su gente.