Opinión

¿Un programa obrero? Las 5 claves del programa económico de Vox

El programa presentado por José María Figaredo en Huelva es la prueba fehaciente de que el eje Izquierda/Derecha se ha roto, y de que nos insertamos en la lógica Globalismo/Soberanismo
Figueredo con Gavira y Gea
photo_camera Figueredo con Gavira y Gea

Quienes se han llevado las manos a la cabeza ante la evidencia del aumento del apoyo a Vox entre los obreros, los trabajadores y los sectores más humildes, harían bien en echar un vistazo al programa económico que acaba de presentar del partido. Paradojas de la vida, la irrupción de la comunicación identitaria de la mano de la izquierda woke ha generado un efecto boomerang como pocos se recuerdan. Por dos razones principales: la primera, el ataque a la identidad nacional y soberana de los países por parte de dichos partidos, sumado a la imposición de la ‘cultura de la cancelación’ y de lo políticamente correcto, ha provocado que cada vez más sectores de la población revitalicen esa identidad que se quiere destruir y cierren filas con formaciones que sí la defienden; la segunda, la apuesta por la discriminación positiva a favor de colectivos privilegiados ha desembocado en un refuerzo identitario a su vez de las personas que no pertenecen a esos colectivos.

Ahora bien, la simplificación identitaria no sirve para explicar la realidad de manera certera. Y es que, si bien el elemento identitario es importante, no es lo único mueve al votante. La Economía y las condiciones de vida siguen siendo algo fundamental. Como es lógico, son los sectores más humildes y dedicados al trabajo manual los que más tienen presente esto.

Sectores que son plenamente conscientes del abandono al que les han sometido los partidos socialistas y la izquierda woke. Incluso los antediluvianos estalinistas que carburaron el mantenimiento de las esencias de los partidos comunistas clásicos se han entregado a las nuevas políticas globalistas de origen anglosajón. En consecuencia, los trabajadores se saben huérfanos de representación. La llamada ‘izquierda’, que ahora está al servicio de los intereses globalistas porque sabe que los obreros no le votan, ha dado por perdidos a los humildes y ha desarrollado una actitud a medio camino entre la arrogancia y la hostilidad hacia los más vulnerables.

En este escenario, el apoyo de los obreros a Vox ha cristalizado en un programa que satisface sus necesidades mucho más de lo que puede hacerlo el del PSOE, el de Podemos, el de Sumar, por no hablar ya el del PP. Y lo hace en base a cinco claves fundamentales: 1. Reducción de la burocracia administrativa y del gasto en la administración pública. La agilización del funcionamiento del monstruo normativo en que se ha convertido el Estado es un objetivo imprescindible para que el ciudadano sea dignamente atendido por quienes se supone que son sus servidores. Con la eliminación de las subvenciones a partidos, sindicatos y patronales, el cierre de chiringuitos ideológicos y el establecimiento del silencio positivo en las resoluciones administrativas.

2. Rebaja de impuestos, con un mínimo exento de 22.000 euros, un primer tramo hasta los 70.000 euros que tributará al 15%, y el resto a partir de ahí al 25%. Asimismo, los trabajadores autónomos que no lleguen al Salario Mínimo Interprofesional podrán optar a una exención que les libere de pagar la cuota de autónomo.

3. Facilidades para el acceso a la vivienda social para los españoles con arraigo frente a la inmigración, con una extensión del suelo disponible para construir, derogando las normas climáticas y burocráticas que lo impiden y que encarecen el precio final de la vivienda para el comprador. A la par, prohibición del alquiler de pisos a inmigrantes ilegales, acompañada de la derogación de las normas jurídicas que blindan la ocupación y que impiden el abaratamiento de los precios por parte de los arrendadores. A ello se acompaña un plan de exenciones fiscales para la compra de vivienda y de construcción de vivienda protegida en paralelo a la persecución fiscal de la compra masiva de vivienda por parte del capital extranjero.

4. Combate de la inseguridad en los barrios, con la deportación de los inmigrantes que entren ilegalmente, que cometan delitos graves o que no se integren. Se evita así la guetificación de la población en los barrios periféricos, el aumento de las agresiones sexuales y los pisos-patera. A esto se une la suspensión de la colaboración con los países que no estén dispuestos a trabajar en el control de los flujos migratorios, o que incluso los utilicen como medida de presión política.

5. Reindustrialización del país, con la eliminación de las políticas climáticas que impiden la explotación de los recursos autóctonos y que nos hacen dependientes de las potencias extranjeras. La soberanía energética pasa igualmente por la recuperación de la energía nuclear, con la revitalización de las centrales actualmente operativas y la creación de otras nuevas. Lo que se complementa con el estímulo del sector agrícola y la resurrección de la antaño potente industria agroalimentaria española, con el foco puesto en la inversión en infraestructuras hídricas y la modernización de los regadíos.

Un aspecto que sobresale de lejos es la apuesta decidida por potenciar la economía nacional en vez de destruirla, así como por una política social que diferencia claramente entre la ayuda de los sectores más desfavorecidos y el combate del parasitismo social. Desde hace décadas, estos dos elementos han sido capitales en la decadencia de España como nación y de los españoles como pueblo.

El fanatismo climático se ha empleado como coartada perfecta para perseguir a los emprendedores, empresarios y autónomos, para destruir el campo y liquidar la industria agroalimentaria, para someter la soberanía nacional al dictado energético de otros países mediante la prohibición de los recursos propios, como también para el desmantelamiento de otras industrias como la automovilística, condenando a millones de trabajadores al paro y a una terciarización fundamentalista de la Economía que cercena las perspectivas de empleo y crecimiento de los jóvenes.

Junto a esto, la alergia de las élites al enriquecimiento de la población y al ascensor social ha enfocado la política fiscal y de pagas a la exacción implacable del bolsillo de la población para tenerla sometida a la bota del estado, a cambio de migajas materializadas en ayudas públicas que sirven para subsistir pero nunca para salir de la miseria. Una misera deseada e impulsada, extendiendo una mentalidad parasitaria que recompensa la vagancia y criminaliza el esfuerzo y el trabajo.

El programa de Vox no es que sea un programa obrero. Es que es el único programa obrero de los grandes partidos que tienen posibilidades reales de gestionar el poder en España.