Opinión

La revolución pendiente de García-Page

Muchos se preguntarán si no sería mejor que pasara ya a la acción en vez de marear tanto la perdiz
emiliano-garcia-page
photo_camera García-Page en una imagen de archivo

A los falangistas les gustaba hablar de ‘revolución pendiente’ durante el Franquismo. Dada la cantidad de antiguos lucidores de la camisa azul mahón -y de sus hijos- que se pasaron a las filas socialistas cuando cambió la tortilla durante la Transición, uno pensaría que se trata de un vicio heredado.

Es, quizás, lo que le sucede a Emiliano García-Page. Que vive en una continua ‘revolución pendiente’, pero que nunca se atreve a dar el paso. Y es lo que ha sucedido, una vez más, en el Comité Federal de este sábado. García-Page, como Javier Lambán, se ha mostrado explícitamente crítico con el tema del cupo catalán, al que ha definido como ‘cupón’ para la independencia.

Esté en lo cierto o no, muchos se preguntarán si no sería mejor que pasara ya a la acción en vez de marear tanto la perdiz. Para tranquilidad de los suyos, de los contrarios y de la totalidad del país.

Cierto es que se ha tratado de uno de los barones más críticos con Sánchez desde siempre. Y también lo es que supone, junto a otros hasta ahora timoratos, una brecha que bien puede servir para destruir al sanchismo desde su propia trinchera. Pero, a estas alturas, uno no sabe ya a qué atenerse.

A fin de cuentas, romper la disciplina de partido no es nada sencillo. Porque, hagas lo que hagas, te lloverán balas de todos lados. En cualquier caso, todos estos líderes aparentemente descontentos visibilizan un fenómeno aún más interesante: el miedo al post-sanchismo.

Pues saben que, después de Sánchez, el PSOE se va a convertir en un erial. Debiendo iniciar una travesía por el desierto tal que la del relato bíblico del pueblo de Israel se quedará en un simple paseo. Igual que saben que Sánchez ha convocado este comité para convertirlo en un Congreso de facto, identificando a los críticos para eliminarlos y demostrar su poder y absoluta dependencia del partido de él anunciado que presentará su candidatura a la reelección como Secretario General.

Y, a la manera de un autócrata, de separarse del mandado parlamentario cuando este no le sea favorable. Todo atado y bien atado al inicio de un curso político que se anuncia movido y con focos de rebelión interna a la vista. Por el momento, el malestar de los barones díscolos parece que se ha quedado en eso.

No obstante, si no pasan a la acción, serán sus propios votantes los que se lo hagan pagar. A este nuevo PSOE cada día parece que le cuesta más distinguir entre lo que son las bases del partido y las bases electorales.

Que no son los mismos y responden a códigos de comportamiento distintos. Y saben que las palabras de García-Page, Lambán y cía, si no se traducen en hechos concretos, son una auténtica tomadura de pelo.