La maquinaria mediática del bipartidismo ha recibido la orden de ponerse en marcha. Y vaya si lo ha hecho. En la recta final de unas elecciones decisivas, El Plural, RTVE y otros se han lanzado a una campaña de escándalos y difamación contra la formación liderada por Santiago Abascal. Era lo esperable; no obstante, la sincronización es tan obvia que no deja lugar a dudas sobre el mandato de la élite. Que ya sabemos cómo funcionan las cloacas. PSOE y PP se ponen de acuerdo y sus responsables hacen las llamadas pertinentes. Pero el tiro puede que les salga por la culata. Porque lo que ha demostrado el partido es una actitud que ninguno de los grandes se ha atrevido a hacer jamás: ser expeditivo con la corrupción. Venga de donde venga.
Ciertamente, cuesta imaginarse (porque no existe registro de ello) al PP, al PSOE, a Podemos o Sumar iniciando inmediatamente acciones penales contra individuos u organizaciones afines al menor indicio de la comisión de irregularidades. Más bien al revés: del ‘José Luis, sé fuerte’ al encubrimiento de agresores sexuales en las propias filas de quienes se dicen feministas, pasando por el ‘no me consta’. Los hechos son elocuentes: si el asunto de la Revuelta se halla en manos tanto de la Autoridad Independiente de Protección del Informante como de la Fiscalía, es por Vox. Ante la sospecha de corrupción, mano dura y sin piedad. Es la consigna y es la norma.
Desde luego, esto da exactamente igual para un medio como El Plural, tan acostumbrado como nos tiene al rigor informativo. Lo mismo vale para RTVE, cuya credibilidad está varios grados bajo cero. La maniobra es elocuente, precisamente por estar ejecutada de manera torpe y primitiva. Como si se fuera ‘a salto de mata’. Dos artículos de El Plural. El primero, en el que se acusa a Vox de encubrir irregularidades. El segundo, con unos audios troceados, manipulados y descontextualizados que, pese a todo, lo que vienen a acreditar es precisamente lo contrario: que desde la formación se exige limpieza y transparencia, bajo condición de llevar el asunto a los tribunales.
Todo lo contrario de lo que pretenden aquellos que manipulan una situación que en nada afecta al partido para jugar sucio y hacer ver que Vox estaba mezclado en actividades ilícitas. Así mismo lo ha expresado el propio Santiago Abascal: ‘Llevan un par de semanas las terminales mediáticas de unos y otros sacudiendo a Vox. Son manipulaciones brutales. Vox es un partido limpio. (...) Ahora están con la misma cantinela intentando involucrar a Vox en cosas raras, que el propio Vox ha denunciado. Esas noticias vienen de Ferraz, que es la cueva de Alí Babá, y de la calle Génova 13, que tiene una sede pagada con dinero negro’.
Lo que en el fondo pretenden tanto El Plural, como RTVE, así como el resto de las terminales mediáticas del bipartidismo, es frenar en seco la carrera de Vox hacia la Moncloa, pasando por el hecho inevitable de ser un actor decisivo tanto en ayuntamientos como autonomías. Todo ello en un 2025 que se cierra como el annus horribilis tanto para el PSOE como para el PP. Uno por la evidente estafa de su proyecto político, y otro por ser incapaz de situarse como una oposición digna de tal nombre.
Ciertamente, cuesta imaginarse (porque no existe registro de ello) al PP, al PSOE, a Podemos o Sumar iniciando inmediatamente acciones penales contra individuos u organizaciones afines al menor indicio de la comisión de irregularidades. Más bien al revés: del ‘José Luis, sé fuerte’ al encubrimiento de agresores sexuales en las propias filas de quienes se dicen feministas, pasando por el ‘no me consta’. Los hechos son elocuentes: si el asunto de la Revuelta se halla en manos tanto de la Autoridad Independiente de Protección del Informante como de la Fiscalía, es por Vox. Ante la sospecha de corrupción, mano dura y sin piedad. Es la consigna y es la norma.
Desde luego, esto da exactamente igual para un medio como El Plural, tan acostumbrado como nos tiene al rigor informativo. Lo mismo vale para RTVE, cuya credibilidad está varios grados bajo cero. La maniobra es elocuente, precisamente por estar ejecutada de manera torpe y primitiva. Como si se fuera ‘a salto de mata’. Dos artículos de El Plural. El primero, en el que se acusa a Vox de encubrir irregularidades. El segundo, con unos audios troceados, manipulados y descontextualizados que, pese a todo, lo que vienen a acreditar es precisamente lo contrario: que desde la formación se exige limpieza y transparencia, bajo condición de llevar el asunto a los tribunales.
Todo lo contrario de lo que pretenden aquellos que manipulan una situación que en nada afecta al partido para jugar sucio y hacer ver que Vox estaba mezclado en actividades ilícitas. Así mismo lo ha expresado el propio Santiago Abascal: ‘Llevan un par de semanas las terminales mediáticas de unos y otros sacudiendo a Vox. Son manipulaciones brutales. Vox es un partido limpio. (...) Ahora están con la misma cantinela intentando involucrar a Vox en cosas raras, que el propio Vox ha denunciado. Esas noticias vienen de Ferraz, que es la cueva de Alí Babá, y de la calle Génova 13, que tiene una sede pagada con dinero negro’.
Lo que en el fondo pretenden tanto El Plural, como RTVE, así como el resto de las terminales mediáticas del bipartidismo, es frenar en seco la carrera de Vox hacia la Moncloa, pasando por el hecho inevitable de ser un actor decisivo tanto en ayuntamientos como autonomías. Todo ello en un 2025 que se cierra como el annus horribilis tanto para el PSOE como para el PP. Uno por la evidente estafa de su proyecto político, y otro por ser incapaz de situarse como una oposición digna de tal nombre.