Victoria para el soberanismo en Polonia

Karol Nawrocki en una reciente comparecencia
La presidencia de Karol Nawrocki supone un contrapeso saludable al entreguismo de Donald Tusk a las élites de Bruselas, sometidas a los intereses del eje franco-alemán.

El nuevo Presidente lo ha dicho muy claro: será 'la voz de quienes desean una Polonia soberana que esté en la Unión Europea (UE), pero una Polonia que no sea la UE, sino Polonia y que siga siendo Polonia'. Una aspiración que no sólo engloba el deseo de millones de polacos, sino también de millones de ciudadanos en todo el territorio de la Unión Europea.

Ello mientras que dichas élites siguen empecinadas en la aprobación de medidas liberticidas dirigidas a arrebatar la libertad individual y a someter al ciudadano a rígidos controles burocráticos y fiscales. Significativo es, desde luego, el anuncio de Nawrocki de sanear el Estado de Derecho actuando contra el Fiscal General del Estado nombrado por Tusk. Que es, además, Ministro de Justicia. En una clara transgresión de la Separación de Poderes que hará las delicias de aquellos que consideraron buena idea que Pedro Sánchez designara para el cargo homónimo a Dolores Delgado.

 Aquí llegamos a un punto clave del asunto, que tampoco resiste los paralelismos con el escenario español. Y es que Tusk se ha valido de los instrumentos del poder para, en una política tan abiertamente antidemocrática que no admite discusión, impedir que los discursos de la oposición a su gobierno puedan distribuirse libremente. Por eso ha forzado la destitución del Presidente del Consejo Nacional de Radiodifusión en contra del criterio del Tribunal Constitucional, y por eso intentó hacer lo mismo con el Presidente del Banco Nacional.

 Aunque lo más grave es, desde luego, la detención arbitraria de diputados de la oposición al margen de lo dispuesto por las sentencias judiciales. Se aprecia, pues, la similitud con lo sucedido en otros países del entorno, como por ejemplo España. Donde ya nadie puede ignorar el hecho de que se está produciendo una voladura del Estado de Derecho ante el temor de las élites dominantes de perder el poder de que siempre han gozado. Para eso, van a valerse de los instrumentos que les proporciona precisamente ese poder. En este sentido, la llegada de Nawrocki a la presidencia de la república es un fenómeno saludable, que generará un contrapeso importante al gobierno de Tusk y que supondrá un freno a las prácticas antidemocráticas por las que se ha estado deslizando Polonia recientemente.