Opinión

Fiestas encadenadas

Las fiestas se van encadenando con la misma naturalidad que los días a sus noches
Pablo Sycet ante una ventana con adornos para San Isidro Labrador
photo_camera Pablo Sycet ante una ventana con adornos para San Isidro Labrador

Las fiestas se van encadenando con la misma naturalidad que los días a sus noches, todavía huele a pan recién hecho la rosca que traje como regalo para mi casa como recuerdo de las celebraciones de San Isidro Labrador, y ya hemos entrado de lleno en la semana del Rocío, una fiesta que yo nunca he vivido de primera mano porque siempre ha sido para mí muy ajena; pero que este año la voy a conocer, puesto que estoy de vuelta en esta bendita tierra para montar e inaugurar la exposición retrospectiva de mi querido amigo Antonio Belmonte (*), y ya ha llegado el momento de aceptar la invitación de Rocío Martínez y Juan Villa para disfrutar de las juergas rocieras y sumergirme en sus deleites y secretos.

Hace ya tanto tiempo que tengo asumido que el no tener carácter rociero ni gustar de las sevillanas me convierte en “más soso que una col fuera de temporada”-aquella expresión que tanto gustó ayer a mis fieles lectoras Reme Martínez y Juana Mari Vazquez- para los ojos de la inmensa mayoría, que he terminando reivindicando, a mi pesar, esa parte tan poco panturrana de mi persona como una de mis señas de identidad, y que cualquiera podría achacar al hecho de faltar de Gibraleón desde los 9 años camino de los internados de Sevilla y de Campillos, aunque realmente el motivo de mi sosez es mucho más profundo, y se basa en un dicho popular imbatible: “de donde no hay, no se puede sacar”.

Y aunque jamás he hecho palmas oyendo unas sevillanas ni, mucho menos, las bailé mientras estuve preso de alguna juerga flamenca, no es menos cierto que en los años 90 me impliqué más de lo que yo mismo hubiera podido sospechar en la escritura de rumbas a pares para los dos álbumes del grupo Zorongo Club, que aunque en esencia era heredero espiritual de Los Marismeños, hice lo posible porque en sus letras se pisaran algunos territorios más oscuros de los habituales del género, y no me dolieron prendas al tomar prestada de Don Manuel Azaña una frase que me tocó la fibra -”nunca he vuelto a pisar un terreno tan firme”- por entonces hasta el punto de incluirla en el estribillo de mis ’Delirios de amor’, que escribí mucho después que ‘En un mar de fuegos”…

Pero puesto que el próximo sábado estaré por fin en el Rocío, después de toda una vida de dar la espalda al evento festivo más celebrado de esta bendita tierra, en la mañana de hoy no tendré ninguna duda al comunicarle a Ana Gil cuál será la canción que escucharemos en ese colofón (**) de su programa de cada martes titulado ‘Lo que hay detrás de las canciones’, aunque en este caso no habrá ningún secreto que desvelar de la canción elegida, puesto que será mi debut rociero el único pretexto para oír a mediodía una rumba marismeña que viene y va con la primavera...