Opinión

El doctor Cristóbal Gangoso y la Escuela de Salud Integral

Toni Garrido

El doctor D. Cristóbal Gangoso, junto con más voluntarios, ha puesto en marcha una Escuela de Salud Integral, en el Hospital Juan Ramón Jiménez. Se trata de una iniciativa que busca el fomento de la salud centrada en su vertiente psicológica y social. Las sesiones, de una duración de hora y media, se celebran en el salón de Actos del Hospital onubense, los jueves por la tarde, cada dos semanas.

D. Cristóbal Gangoso es conocido por haber fundado la Asociación ARO, un colectivo que ha ayudado a cientos de personas a salir de la adicción al alcohol y otras drogas. En su objetivo de seguir promoviendo la salud, ha iniciado este nuevo proyecto abierto a la sociedad, del que forma parte un numeroso grupo de participantes, que comparten sus preocupaciones y reciben la asistencia del doctor y de sus colaboradores.

Esta iniciativa se suma a una larga lista de acciones que Don Cristóbal y su equipo de voluntarios han llevado a cabo para apoyar y auxiliar a centenares de personas. Es algo del todo admirable.

Tuve la suerte de conocerlos en un acto de convivencia en el que, para mi sorpresa, se dieron cita más de mil personas. Al comienzo de las intervenciones, un chico se refirió a los voluntarios de ARO como sus salvadores, como aquellos ángeles que lo rescataron del pozo de la drogadicción en el que se encontraba. Tan agradecido estaba a la asociación, que quiso tener un detalle con ellos y, delante de todo el auditorio, descubrió un cuadro de la patrona de Huelva, la Virgen de la Cinta. Entre aplausos y miradas llenas de emoción de los asistentes, el joven expresó su deseo de que este regalo sirviera de inspiración y ayuda a todos los que acuden a ARO.

La anterior es solo una de muchas muestras de afecto que derivan del apoyo y trabajo que, de manera desinteresada, prestan aquellos voluntarios que no dudan en invertir todo su tiempo y esfuerzo en agarrar fuerte de la mano a los que han caído, para levantarlos, con cariño y afecto.

Ahora, muchos de aquellos voluntarios continúan con esta nueva iniciativa, la Escuela de Salud, un proyecto independiente de ARO, pero que también aporta muchos beneficios. Tanto es así, que, en una de sus sesiones, comprobé cuántas personas agradecían la labor de sus promotores. A modo de ejemplo, una señora cuyo marido había fallecido recientemente, señaló ante todos los presentes que no sabía lo que estaba buscando después del revés que había sufrido, pero que con esta Escuela lo había encontrado y se alegraba de haber acudido.

Es necesario reconocer el gran trabajo que realizan el doctor Don Cristóbal y su equipo, tanto en ARO como en la Escuela de Salud. Llevan toda la vida entregada a ayudar a los demás. Sirvan estas líneas como humilde homenaje a su trabajo. Gracias por vuestra encomiable labor.