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Polémica en Nerva: la despiden como trabajadora del vertedero por «ser hija de antivertederos»

La «Comisión por el Cierre del Vertedero de Nerva Ya» ha denunciado el «injusto despido» sufrido por Zulema Fariña Pedro, por parte de la empresa de limpiezas SIES, a petición de Diseño de Soluciones Medioambientales, sociedad encargada de la gestión del Vertedero de Nerva, «ocasionado por el compromiso de su familia con la lucha Anti vertedero».

Los colectivos que conforman la citada comisión «ante las represalias, las continuas provocaciones y el boicot a parte del comercio local, por parte de los dirigentes del vertedero, que ha tenido su último episodio, en la humillación sufrida por Zulema Fariña Pedro y su familia», convocan a todos los vecinos y vecinas de Nerva, a concentrarse pacíficamente, a las 21,00 horas de este miércoles, junto a la fuente del Triángulo, en el Paseo, como muestra de apoyo a Zulema fariña y su familia y en repulsa del vertedero de Nerva y de los métodos utilizados por los dirigentes de la empresa gestora.

De igual modo, el colectivo ha remitido a los medios el siguiente comunicado:

«Que queremos trasladar todo nuestro apoyo y ánimo, a Zulema Fariña Pedro y a toda su familia por las terribles circunstancias que están soportando. Es injustificable que estas situaciones se produzcan en pleno siglo XXI, cuando se supone que debemos estar al abrigo de una sociedad moderna y garantista, que debe salvaguardar el derecho igualitario y la libre concurrencia de todas las personas a un puesto de trabajo, evitando el escarnio y la persecución de las personas por su pensamiento o por, lo que es aún más grave e inexplicable, por el de sus antecesores.

Que estas acciones de acoso y derribo contra las personas que manifiestan su rechazo a las instalaciones, están siendo alentadas desde la dirección de DSM y se enmarcan dentro de una campaña de persecución y ajuste de cuentas contra quienes se posicionen públicamente en contra, así como de aquellos comercios cuyos propietarios, hayan tenido la “osadía” de protestar libremente ante una situación que entienden injusta.

Que solicitamos a las empresas causantes de semejante despropósito, que abandonen esta actitud de provocación hacia la ciudadanía del pueblo de Nerva.

Que el movimiento anti vertedero que a día de hoy se ha conformado en Nerva, traslada, desde el civismo y el respeto, el hartazgo que siente la población de Nerva, por verse obligada a vivir permanentemente a 700 metros de los peores residuos tóxicos y peligrosos que se generan en todo el mundo y, que en medio de esa indignación, ha sido capaz de mostrar su comprensión y empatía por aquellas personas que trabajan en las instalaciones evitando en todo momento aquella espiral de odio y destrucción que propiciaron un conflicto social que dejó secuelas incurables en nuestra sociedad. A día de hoy, podemos decir alto y claro, que hemos trabajado por el cierre del vertedero, sin que se haya escuchado públicamente un sólo insulto, sin que aflorasen faltas de respeto, sin que nadie recibiese un anónimo cargado de menosprecio y sin que una sola pintada se viese en nuestras calles.

Ante el escenario desolador que nos deja esta represalia, esta especie de venganza, hacemos un llamamiento a todos/as los/as nervenses, para que mantengan la calma más que nunca, así como para que no caigan en la reacción fácil y cuidemos nuestras formas, sorteando las provocaciones, e intentando evitar a toda costa repetir aquellos errores que vienen condicionando trágicamente esta lucha y la convivencia de nuestros vecinos, desde hace más de dos décadas».

Por su lado, la propia afectada también ha remitido otro comunicado a los medios:

«Mi nombre es Zulema Fariña Pedro, siempre he vivido en Nerva, tengo pareja, un hermano, unos padres a los que quiero y un hijo, David, al que adoro por encima de todas las cosas.

No se si no se me dieron bien los estudios o quizás no tomé las decisiones adecuadas en algunos momentos de mi vida, lo cierto es que, a consecuencias, tengo muy complicado acceder a un mercado laboral cada vez más competitivo y cainita. A resultas, mi situación económica no es muy allá, intentando hacer frente a unos gastos que cada vez son más altos con el sueldo de mi marido, con la ayuda de familiares y con lo que voy pudiendo rebuscar atendiendo a personas mayores y acudiendo a trabajar donde quiera que me llamen.

Por todo ello, cuando el pasado martes 28 de junio recibí la llamada de la empresa SIES, perteneciente a la Fundación Valentín de Madariaga, para trabajar con ellos, en mi casa se celebró como si nos hubiese tocado la lotería.

Poco importaba que el trabajo fuese para cubrir vacaciones durante el verano y por apenas 25 horas semanales. Se trataba de una oportunidad única para demostrar mi valía y las inmensas ganas que tengo de prosperar en la vida y como no, de aumentar los ingresos en mi casa, de comprar aquellas cosas que le hacen falta a mi hijo y de ver el frigorífico un poco menos vacío.

Me comunicaron que el trabajo sería en el vertedero, poco me importaba que fuese allí o en cualquier otro sitio, pues como digo, mi situación económica no me permite valorar ofertas, sino aceptar lo que buenamente vaya saliendo.

Todo debía de hacerse rápidamente: la formación, el tallaje, los epis, pues había que empezar el viernes. Recuerdo con cierta nostalgia, la ilusión con la que recibí aquel paquete de SEUR que me traía mi nuevo uniforme, aún puedo verme abriéndolo como si se tratase de un regalo especial de cumpleaños. Nada más tenerlo entre mis manos, me lo probé.

Y por fin, llegó el día, viernes 1 de julio. Apenas pegué ojo la noche anterior y toda la mañana la pasé nerviosa intentando dejarlo todo preparado. A eso de las dos y media de la tarde, cogí mi coche y me dirigí a mi trabajo. Al llegar me indicaron como debía estacionar mi coche e inmediatamente comencé mis tareas, acompañada de una compañera que me fue indicando en todo momento, la sucesión de limpiezas que debíamos ir realizando.

La verdad es que me sentí muy bien, intentando memorizar todo el procedimiento y, porque no reconocerlo, fantaseando sobre la posibilidad de que mi contrato se extendiese más de esos meses por los que había firmado. En fin, una sucesión de castillos en el aire que jamás pensé que fuesen derribados tan pronto y tan injustamente.

Al finalizar, camino de mi casa, comprobé que recibía un wasap de Daniel, mi nuevo jefe. Tampoco le di demasiada importancia, había estado varias veces, a lo largo de la tarde, interesándose por cómo iba el trabajo y pensé que su mensaje iba en la misma línea.

Sin embargo, nada más llegar a casa y abrir el mensaje comprobé que se dirigía a mí para despedirme, “Hola Zulema, no puedes seguir en el servicio, me ha llamado el cliente indicando varios motivos y me ha dicho que no quiere que sigas en el servicio. Lo siento de verdad, de corazón, pero han sido instrucciones directas del cliente”.

Como pueden imaginarse, se me vino el mundo encima y cuando armé un poco de valor, le llamé por teléfono. Sus respuestas me dejaron aún mas hundida, pues no se valoraba mi trabajo, sino “que a pesar de que mi compañera había comunicado que hacia sus tareas bien, Carmen, del departamento de prevención, ha comunicado que me quitaran porque mi familia es anti vertedero”.

Desde entonces llevamos varios días sin dormir, mis padres porque entienden que su compromiso con la lucha anti vertedero ha perjudicado, una vez más, a su familia y yo, porque siento sobre mi el peso de una desgracia constante en forma de un estigma inmerecido, de una injusticia infinita que condiciona mi vida y que consiente que se tenga en cuenta la lucha que mantuvieron mis padres y gran parte del pueblo de Nerva contra la imposición del vertedero, en vez de mi esfuerzo y sacrificio.

Ante esta situación, en primer lugar, me gustaría dar las gracias por tantas muestras recibidas de cariño y solidaridad, en segundo lugar, quisiera agradecer a mis padres el ejemplo de compromiso y sacrificio que demostraron por esta tierra y el regalo que nos hicieron a sus hijos, demostrándonos que existe el esfuerzo desinteresado y la lucha altruista e incansable y, en tercer lugar, que intento estar bien, que las injusticias, tal y como mamé en mi casa, lejos de hundirme, me hacen más fuerte. Tan fuerte como para sacar fuerzas de donde no las hay y gritarle al mundo entero este nuevo episodio, de esa historia interminable de injusticias que venimos soportando en Nerva, desde hace más de 25 años».

La empresa Diseño de Soluciones Medioambientales (DSM), por su parte, también ha emitido un comunicado:

En referencia a la noticia aparecida en diversos medios de comunicación sobre el supuesto despido de una trabajadora, Diseño de Soluciones Medioambientales (DSM) quiere hacer las siguientes precisiones:

  • Dicha trabajadora, Zulema Fariña, es empleada de la empresa SIES, un centro especial de empleo dedicado a la inserción laboral de personas con discapacidad, de modo que no forma parte de la plantilla de DSM. Además, DSM no participa en el proceso de selección de las personas que llegan a través de SIES.
  • Una vez analizada la propuesta de contratación, el departamento de Seguridad de DSM ha comprobado que la trabajadora no ha completado la formación específica en esta materia, por lo que no dispone de los requisitos mínimos exigidos por la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.
  • La incorporación de la trabajadora se paraliza, por tanto, teniendo en cuenta exclusivamente criterios técnicos, profesionales y de seguridad, ya que ha sido imposible verificar el cumplimiento de los requisitos legales vigentes en materia de prevención de riesgos laborales.

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