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¿Qué ha pasado a la izquierda?

Pablo Gea

No han sido las fuerzas gubernamentales profetas en Castilla y León. Mientras el PSOE y Unidas Podemos se agarran como un clavo ardiendo a lanzar órdagos contra la ‘extrema derecha’ (lo que a nadie puede sorprender a estas alturas de la película), a duras penas pueden ocultar que estas elecciones han sido un fiasco absoluto. No hay más. Por muchas componendas que se le quieran poner, desde el PSOE tienen que aceptar que, de ser la formación más votada en 2019 con 35 procuradores en las Cortes castellanoleonesas, se han quedado con 28, siete menos. En Unidas Podemos la desolación es aún mayor: un solo escaño. Allá quedaron los tiempos en que ostentaban 10 procuradores. Declive perceptible y anunciado, por otra parte. Pues en 2019 perdieron ocho de estos diez.

Mientras Ciudadanos dice adiós definitivamente a lo que pudo ser y no fue, los partidos de la Coalición gubernamental tienen que hacer frente a una realidad dura: que todas sus dilaciones, desaciertos y confusiones sólo están consiguiendo dar oxígeno a los de enfrente, configurándose una política de bloque que cada vez diferencia perfiles ideológicos más nítidos. En el PSOE toman nota: sólo han conseguido imponerse por la mínima en las provincias de Burgos y Valladolid, encajando empate con el PP en León, Palencia y Zamora. En Soria los partidos establishment han tenido que despedirse ante el arrollador resultado de Soria ¡Ya!. Los hechos son tan claros que hasta el cabeza de lista de la candidatura de Unidas Podemos, Pablo Fernández, ha llegado a reconocer que la ‘marca Podemos’ no sirve para nada ya y que hay que transitar la vía de diluirse con el proyecto de Yolanda Díaz. A ver si se consiguen salvar algunos muebles.

Como en todos los casos de naturaleza similar, lo que sucede a nivel de comunidad autónoma no puede escapar a los factores intrínsecos de la región. Mas no por ello son desdeñables los ecos que para la política nacional tienen. Todos los españoles han seguido estos comicios en clave estatal y han hecho bien, porque sus repercusiones van mucho más del gobierno de Castilla y León. ¿Qué ha pasado a la izquierda? Dos cosas fundamentalmente: 1) su falta de preocupación por sectores que antes consideraron dignos de escuchar en favor de minorías mediáticas pero con escaso peso demográfico les ha arrebatado un electorado valiosísimo, y 2) ausencia de un mensaje renovador claro que los convirtiera en una opción preferible tanto a lo malo conocido (PP) como a lo bueno por conocer (Vox y las formaciones regionalistas y localistas).

Por mucho que gusten de alardear de ello, las fuerzas ‘a la izquierda’ del espectro político han dejado de ser contestarias para pasar a engrosar la defensa de un sistema profundamente burocratizado e impersonal. En consecuencia, el voto-rebelde, que en otros tiempos se hubiera canalizado hacia ellos, ha pivotado hacia otras formaciones y grupos que se presentan como opciones más fiables en la defensa de las posturas contestatarias que se han visto impulsadas tras la Crisis del Covid-19 a causa de las ilegalidades y los abusos. Al no tener otro mensaje que el eterno retorno a los lugares comunes, la maquinaria político-electoral se chamusca con facilitad y permite que otros le cojan la delantera. Que es exactamente lo que ha pasado. Y si el desastre no ha sido aún mayor es porque la torpeza política del adversario le ha impedido aprovechar un momento de debilidad propia más que patente.

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