FirmasÚltima Hora

Septiembre

Hasta 1990, cuando Carlos Berlanga editó ‘El ángel exterminador’, su primer álbum en solitario tras la ruptura con sus compañeros de aventuras musicales, las únicas canciones que formaban parte de mi vida y estaban referidas al mes de septiembre eran la que en 1966 editó la portuguesa Madalena Iglesias, «con sus raíces secas / con sus racimos verdes» cuando yo tenía trece años, estaba interno en Campillos, y ‘September’ de Earth, Wind & Fire, que en 1978 se adueñó de la pistas de discotecas de medio mundo…

Pero si en aquel 1978 yo tenía ya 25 años y trataba de hallar un camino en mi vida profesional tras terminar mis estudios de periodismo y dejar de lado la idea de ejercer, sin tener mala conciencia por haber tomado la decisión, el adolescente iluso que escuchó por primera vez aquella canción que anunciaba el fin del estío en 1966, ya andaba fascinado con el mundo de los festivales y, de hecho, fue escuchando a escondidas el Festival del Mediterráneo en un transistor, de noche y escondido entre las sábanas en una litera del intentando, cuando escuché por vez primera esta canción que me ofrecía una visión lírica del mundo en la voz de Madalena Iglesias…

Para mí, de golpe, aquella cantante se convirtió en una diosa lusitana porque participaba en casi todos los festivales y yo ya estaba rendido a la evidencia de que eran un símbolo de modernidad. Y no me perdía ni uno de los que copaban las noches de verano de mis años de adolescencia, desde el de Benidorm hasta el de Eurovisión de aquel año 66, o el de Mallorca, en el que ganó el Premio de la Hispanidad con su inolvidable ‘Vuelo 502’, que se vino a convertir en un emblema turístico de aquel momento a bordo de un Caravelle…

Y así fue como yo empecé a amar a Portugal de otro modo, mientras todo mi mundo familiar se derrumbaba sin remedio, y ya fantaseaba con versos que habrían de despertar mi gusto por escribir canciones que emularan a las que ella cantaba, sin saber que a través de las palabras cantadas se podía transformar aquel tiempo tan siniestro del internado, cada vez que ella interpretaba un sueño adulto del que aquel adolescente nunca quería despertar…

Pablo Sycet
Pablo Sycet (Gibraleón / Huelva, 1953) es uno de los pintores andaluces imprescindibles de su generación -la de los años 80-, posiblemente la última generación de artistas para los que la pintura ocupa un papel central. Sin perder de vista en ningún momento esa centralidad de la pintura, a lo largo de tres décadas continuada de trabajo, la labor creativa de Pablo Sycet se ha ido desplegando en un amplio abanico de campos complementarios: la edición, la tipografía, el diseño gráfico, la fundación de galerías de arte, la organización de exposiciones, las letras de canciones, la producción musical... En otro orden de cosas, Pablo Sycet ha sido un puente fundamental tanto desde el punto de vista geográfico como desde el punto de vista generacional. Geográficamente hablando, por él han circulado buena parte de los caminos que han unido Andalucía y Madrid durante estas décadas. Aunque su residencia habitual ha sido madrileña, nunca ha renunciado a sus vínculos andaluces y especialmente granadinos, muy al contrario, siempre ha intentado reinvertir allí, en Andalucía, metafóricamente hablando, y a veces incluso monetariamente, lo ganado y aprendido en Madrid. Desde el punto de vista generacional, también ha sido un puente generoso y desprendido entre los artistas de las generaciones anteriores a la suya -de Gordillo a Guerrero- y las posteriores, incluidos los jovencísimos artistas emergentes de este mismo momento.

    También te puede interesar

    No se puede comentar.



    Publicidad

    CSIF - EMILIO DURÓ 4 OCTUBRE 2022

    Más noticias sobre:Firmas