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Directo San Sebastián 2020
Firmas

Socialdemocracia sin democracia

El PSOE ha dejado de ser Socialdemócrata. Desde luego, por lo que a tal se entiende como compromiso con los valores democráticos que hagan compatible la voluntad del individuo con destacados programas sociales que traten de mejorar la vida de los sectores más desfavorecidos, desde la igualdad ante la ley. A los socialistas españoles, tan dados al establecimiento de ‘comisiones de la verdad’ vinculantes legalmente para emplear la Historia a su gusto, habría que recordarles el aplastante opúsculo Socialismo democrático del socialdemócrata alemán Eduard Bernstein (1850-1932), en el que despachó la Dictadura del Proletariado marxista a la vez que se oponía al régimen autoritario del Káiser. Planteó, de manera tan lúcida como profética, que los ‘partidos obreros’ no debían de pretender la destrucción del capitalismo sino el fomento de la democracia y de la posición de los trabajadores dentro del sistema de libre mercado, enfocando las demandas por la vía parlamentaria en detrimento del radicalismo y de la violencia.

Si bien sus tesis no triunfaron dentro del SPD en sus inicios, a la larga terminaron por hacerse hegemónicas, toda vez que los socialdemócratas alemanes se convirtieron en unos de los principales impulsores (si no en los principales) de la República de Weimar tras la caída del Segundo Imperio al finalizar la Primera Guerra Mundial. Y aún más, no dudaron en defender el régimen democrático frente a la Revolución Comunista materializada en el Levantamiento Espartaquista de 1919 y en acabar, manu militari, con la República Soviética de Baviera, dictadura de inspiración soviética.

Sobre este legado se edificaron los partidos socialdemócratas en los países de Europa Occidental, contribuyendo de manera fundamental a consolidar los sistemas democráticos en un continente en el que, al otro lado del Telón de Acero, a los trabajadores se les obligaba a trabajar en aras de un sistema político de partido único que sólo les reservó las migajas y la represión mientras les prometía el Paraíso en la Tierra. Si bien el camino no fue un lecho de rosas, a lo largo de todas estas décadas no cabe dudar de que la Socialdemocracia, como tendencia general más que como ideología cerrada, ha desempñeado un papel muy digno. Eso sí, siempre desde la lealtad hacia el Estado de Derecho, la Separación de Poderes y el Parlamento.

Por estas razones, y ante el esperpéntico espectáculo que los españoles presenciamos a causa de un Partido que se dice socialdemócrata corrompido por la ambición de poder y ávido de sacrificar cuantas personas o cosas sean necesarias para conseguirlo, no cabe más que concluir que el PSOE ya no es socialdemócrata, si es que lo fue alguna vez. Porque ya no sólo es que se haya avenido a negociar el pie de igualdad con aquellos que han dejado bien claro a estas alturas que su intención clara de dinamitar territorialmente el Estado Español, sino que (más grave aún) no ha dudado un segundo en blanquear a quienes no han hecho otra cosa que saltarse cuantas leyes prevé el sistema democrático español para combatir la arbitrariedad y el abuso.

Y, si con ello no ha sido suficiente, se ha presionado al Poder Judicial (y, por descontado, a la Abogacía del Estado) para avenirse a sus tesis, en vez de dejar, como es su cometido en tanto que encarnación del Poder Ejecutivo, que la Justicia siga su curso. No en vano, enmendó la plana a la Fiscalía General del Estado imponiendo al Abogado del Estado la modificación de la calificación del delito en el proceso seguido contra los presos independentistas para que, de ser condenados, lo fuesen por Sedición en vez de por Rebelión, facilitando su traslado a las penitenciarías catalanas en manos de la Generalitat, que les ha permitido dirigir las negociaciones para la investidura desde una celda.

No ha sido el único guiño a quienes tienen una absoluta falta de respeto a la ley, sino que, después de hacer gastar millones a los españoles en unas elecciones innecesarias, de la noche a la mañana el insomnio pasó a mejor vida para pactar un gobierno de coalición con quienes esgrimen una ideología totalitaria y consideran a las dictaduras homicidas de América Latina su modelo a seguir.

Aquellos, no se olvide, que se felicitan cuando los etarras salen de las cárceles y que prevén en su programa la aceptación de las falaces tesis independentistas que apuntan a un inexistente ‘derecho a decidir’. Por si fuera poco, desde el varapalo que el TJUE ha dado a España por motivos puramente políticos, el PSOE no ha cejado en menoscabar en cuanto ha podido las posiciones de los fiscales y jueces españoles cediendo al chantaje de los independentistas para forzar a la Abogacía del Estado a presentar un dictamen jurídico afín a sus pretensiones. Algo coherente con la política de cesión constante que ha permitido a los principales generadores de tensión territorial en España arrancar al Gobierno en funciones una mesa de negociación de igual a igual que negocie una consulta (que, como todo el mundo sabe, no es otra cosa más su ansiado referéndum) a la vez que se sometan dichas negociaciones refrendo de los catalanes pero no al del resto de los españoles.

El PNV no ha ido a la zaga, y ha obtenido de Sánchez y los suyos un compromiso de modificación de la estructura territorial del país conducente al reconocimiento de las ‘naciones’ vasca y catalana, transferencia de competencias mediante, inclusive en Navarra, que los independentistas vascos siempre consideraron suya. Ahora su selección de fútbol podrá presentarse como tal allende fronteras diferenciada de la española. No hace falta ser un lince para darse cuente de que, una vez que el Estado Español reconozca la ‘plurinacionalidad’ que los nacionalistas demandan, el camino hacia la independencia de ambas regiones será irreversible, porque les habrán reconocido lo que han estado pidiendo siempre. Hacen falta muchas dosis de autoengaño para creerse que con los mimos y las cesiones, los nacionalistas se ‘adaptarán’. Al revés, considerarán cada concesión como un signo de debilidad y subirán la apuesta hasta que el vaso rebose.

Si lo anterior no fuera ya una muestra de la clara disonancia que existe entre las prácticas democráticas y las acciones del PSOE, mucho peor apunta la reforma del Código Penal y del sistema judicial que se prepara, siguiendo las líneas trazadas por la Ideología de Género más radical y militante, que pretende erigirse en punta de lanza de una política de venganza ‘de clase’ contra el varón, por medio del establecimiento de Tribunales de Excepción que asuman la presunción de culpabilidad del ‘hombre’ y establezcan penas ‘por género’ y no por los hechos probados. De ahí el ‘si no es un Sí, es un No’, que implica una inversión de la carga de la prueba poniendo al hipotético denunciado en la posición de tener que probar un ‘negativo’ ante la denuncia de una mujer a la que, como tal, se le dotará de presunción de veracidad. Manifestación de un planteamiento reaccionario que persigue eliminar la libertad en las relaciones sexuales en pos de un control estatalista como no ha habido desde la dictadura franquista. Dictadura, por lo demás, cuya Historia y recuerdo se empleará para criminalizar a los discrepantes de una ‘Memoria Histórica’ sesgada que se identifica con los asesinos de las checas y con quienes pelearon contra una dictadura para imponer otra. Baste leer el Proyecto de Ley del grupo parlamentario del PSOE para quedarse estupefacto ante las ‘Comisiones de la Verdad’ con vinculación jurídica y de obligado acatamiento, con las sanciones penales y administrativas hacia aquellos que se opongan a esta ‘verdad’ diseñada a gusto de los impulsores de la ley y con la pretendida ilegalización de grupos y asociaciones identificados como ‘fascistas’, ‘nazis’ o ‘franquistas’, lo que de por sí no tendría nada de malo si no fuera porque quienes así lo pretenden asimilan bajo dichos términos a todo aquél que no piense como ellos, a la vez que se identifican con ideologías con mucha más sangre en sus haberes.

No existe más ciego que el que no quiere ver. Y lo cierto es que el Gobierno que llega, cargado de radicalismo, revanchismo, sectarismo y odio a España y al sistema democrático, dejará al país hecho un erial, si su estancia en el poder se prolongara. El PSOE ha contraído una grave responsabilidad histórica de la que algún día se le pedirá cuenta. Porque ha eliminado lo que la Socialdemocracia tiene precisamente de eso, de Democracia.

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