Firmas

Un claro crimen pasional

Marianela Olmedo era una mujer con una familia y vida normal hasta que se cruzó en su vida Francisco Javier Medina. Una relación al inicio simultaneada con su marido acaso por la duda de una decisión.
Mujer temperamental, presumida, pero que a raíz de esta nueva relación se apreciaba un cambio en su aspecto, más desaliñado, sin arreglar y con un carácter y nerviosismo diferente al de antaño. También el dejar la conexión con amigas es un signo muy importante que nos hace ver la personalidad de quien le ofrece un pseudo amor y la considera posesión, enjaulándola en su mundo particular.

Un perfil de maltratador y como tal manipulador para justificar sus comportamientos y trocar una realidad que no es ética ni moral. Impulsividad, actos incontrolables amén de una celotipia manifestada de una forma abrupta y cuya inseguridad le hace eliminar piezas que le causen desequilibrio emocional porque es un acomplejado, con historias de su pasado sin resolver.

Una relación tóxica con idas y venidas pero seguramente esta mujer tenía una dependencia afectiva o síndrome de Estocolmo y por eso volvía con él y le perdonaba. No lo reconocía ni en los momentos rodearon a la muerte de su ex marido y su hija.

Claro, como un perfecto actor, Francisco Javier le prestó su hombro para llorar y la apoyó. Solamente cuando se le implicó en el doble crimen y gracias a una terapia psicológica cognitiva y conductual sumada a hipnosis, fue capaz de ver al verdadero monstruo.

A pesar de la separación de Marianela de su marido, sus celos le atormentaban ante una posible vuelta y porque una persona humana se vió desprovista de su humanidad para convertirse en una mera y simple pieza de ajedrez a eliminar.

Puede ser que el ensañamiento con una menor quitándole la vida se deba a dos causas. Una que fuera un testigo equivocado en un momento crucial. También el creer esa niña le recordaría a su ex pareja.

Además de la presencia de adn de Medina en las toallas de la casa donde se realizó el crimen su coartada de que estaba trabajando en el supermercado hasta las 10 de la noche, pronto se demostró no era válida.

Dos vecinos que iban a caballo lo vieron cerca de las 21 horas en la calle Feria y lejos de su lugar de trabajo y aseguraban estaba en su vehículo cuando todavía había luz solar. Marianela fue viendo la luz y reconociendo que a su lado estaba una persona tóxica y con una patología que dista mucho del amor y respeto a una mujer. Registraba sus whassaps, le impedía ver a amigas además del maltrato psicológico e insultos. Conoció al que amenaza y obliga pero no al que ama de verdad a una mujer y la valora como ser libre.

Le ha costado muy caro esta relación porque su vida se desmoronó de repente no sólo destruyéndola como mujer, como ser humano sino como madre. Madre de un ser inocente que ya no tiene más vida y que no tiene la culpa de que hayan segado sus ilusiones, sus sueños y el dolor de una familia que perdió a un hijo y a una nieta.

Su mejor terapia es colaborar y ayudar con su verdad en este juicio y su niña desde Arriba le sonreirá y le dará fuerza para que nunca más deje de ser ella misma. Acaso sea madre de nuevo y cada vez abrace esa nueva vida abrazará también a su niña que ya no está aquí pero si en cada uno de sus latidos.

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